Este artículo está dedicado a todas aquellas personas que tienen la sensación (en el fondo) de que aislarse, retirarse o evitar todo aquello que les “duele” o les da miedo, no es del todo bueno, beneficioso o útil para ellos…

…porque “saben” que solo alejándose de las cosas, situaciones o personas que les “molestan” no van a aprender a reaccionar con más calma y confianza la próxima vez que se encuentren, más tarde o más temprano (y sin quererlo ni buscarlo), con alguna situación que les desborde o les sobrepase.

Para todos ellos, que quieren aprender a sentirse más fuertes, preparados y capaces de gestionar las emociones difíciles de la vida, sin tener que alejarse continuamente del mundo… aquí van mis recomendaciones.

A qué me refiero con “miedo, desconfianza y evitación”

Escribo este artículo pensando en personas inseguras, desconfiadas, temerosas o preocupadas…

Que sienten un miedo o un temor generalizado ante la vida, ante los demás y ante sí mismas.

No se sienten seguras o capaces o fuertes. No sienten esa confianza que otras personas parecen sentir de forma, en apariencia, totalmente natural y que les hace querer “comerse” el mundo o, al menos, no llegar a casa casi cada día hecha trapo.

Pienso en personas que se desgastan enormemente cuando se relacionan con otros, porque sienten una amplia variedad de emociones, muy intensas e incómodas, como la confusión, la duda, la inseguridad, la frustración, la rabia…

Se sienten injustamente tratadas, se sienten poco comprendidas, se sienten poco respetadas o tenidas en cuenta, poco valoradas…

Y todo esto les lleva, en muchos casos, a desear evitar encontrarse en este tipo de situaciones molestas con este tipo de personas (con las que no se entienden y se sienten muy confrontadas, muy incómodas, muy molestas, muy dolidas).

Se sienten inseguras, muy frustradas e inferiores: se empiezan enfadando con el otro por no haberlas tratado de una forma más amable, luego se enfadan consigo mismas por haberse enfadado con la otra persona y haberle culpado (y tratan de hacerse responsables ellas solas de su reacción emocional), y como eso no les alivia, terminan pensando que para sentirse bien lo que tienen que hacer es dejar de pensar en todo eso o dejar de sentirse mal… pero no lo consiguen, porque no es tan fácil.

Y cuando nada de esto les funciona, toman la decisión de que lo mejor es alejarse de esas situaciones o personas complicadas y conflictivas…

Pero tampoco se quedan tranquilas con esta decisión. Siguen sintiendo culpa y vergüenza en el fondo, por no ser capaces de actuar de una forma más segura o firme, asertiva y tranquila, en esas situaciones.

Pero como no saben cómo lograrlo (porque la mayoría de consejos no toman en cuenta el verdadero origen de su problema); solo les queda alejarse. Aunque les duela. Para poder estar tranquilas. Para que no les afecte. Para no desestabilizarse…

Con el tiempo, hay personas que se creen o se toman tan en serio esta estrategia para no sufrir, que terminan convencidas de que “no necesitan” relacionarse con los demás, que están mejor solas, o relacionándose únicamente con dos o tres personas de mucha confianza, o que sean muy parecidas a ellas, o que sean muy comprensivas, amables, dulces y empáticas…

Pero como digo, en el fondo siguen sintiendo culpa, inferioridad e incluso soledad.

Y al final se dan cuenta de que están atrapadas en un círculo vicioso del que no consiguen salir: cada vez más personas las hacen sentir mal, cada vez se sienten menos capaces de confrontarlas, cada vez más necesitan aislarse, cada vez van cerrando más su círculo, van reforzando su sensación de ser hipersensibles e incapaces de relacionarse con los demás de forma adecuada, segura y serena…

Se recrudece la inseguridad en sí mismas, aumenta la culpa hacia los demás (por no comprenderlas, respetarlas y quererlas), que se dirige una y otra vez siempre hacia sí mismas…

Y vuelven a sentirse tan mal, tan agotadas con todo esto, que no les quedan fuerzas para salir al mundo a tratar de relacionarse con los demás con calma y seguridad.

El ORIGEN de “el miedo, la desconfianza y la evitación”

Para poder desactivar la reacción de miedo, desconfianza y evitación de los acontecimientos, personas o situaciones“difíciles”, incómodas, molestas y desagradables de la vida es necesario comprender por qué nos sentimos así.

Por qué sentimos miedo y desconfianza (de una misma, del otro -y sus verdaderas intenciones-, del mundo, de la vida, del futuro…), por qué nos sentimos desbordados emocionalmente o no logramos gestionar nuestras emociones de una manera más sana, más fácil y agradable… y por qué sentimos la necesidad de protegernos, de aislarnos o mantenernos lejos de todo eso que nos hace sentir tan mal…

El verdadero origen de tu miedo, tu inseguridad, tu desconfianza y tu tendencia a “mantenerte en una zona segura y tranquila” no es tu miedo y tu inseguridad.

Sí, has entendido bien: el origen de tu miedo, no es tu miedo; el origen de tu inseguridad, no es tu inseguridad.

Es obvio que ahora mismo el problema son TUS pensamientos y sentimientos (de miedo, inseguridad, desconfianza y evitación) que TÚ tienes (no los tiene otro por ti).

Y que la solución pasa por transformar esos pensamientos y emociones para que puedas sentir, pensar y actuar con más tranquilidad y confianza en tu vida.

Pero no podemos decir que el origen de un problema sea ese problema. Si seguimos pensado así, no vamos a poder solucionarlo.

El verdadero origen de tu miedo e inseguridad FUE » la falta de una base segura en la que apoyarte en tu infancia…

…la ausencia de unos referentes o cuidadores emocionalmente inteligentes que te ayudaran a entender y gestionar tu inseguridad, tu desconfianza y tu malestar.

…la presencia de unos cuidadores que no supieron tranquilizarte, al contrario, que agravaron (sin maldad, sin querer y sin saber) tu miedo y tu desconfianza.

Al no saber conectar contigo, al no ayudarte a entender de dónde venía tu sensación de malestar y no transmitirte la sensación de que eras capaz de afrontar las dificultades que pudieran suponer dichas situaciones que te generaban desconfianza, lo que hicieron fue “neurotizarte”: es decir, convertirte en una persona insegura, temerosa y desconfiada, que duda de todo y de todos, especialmente de sí misma, de sus emociones y de sus pensamientos.

En lugar de reconocer tus dudas y gestionar sus propias emociones (porque es cierto que los niños, en su inocencia y atenticidad, “sacan” a la luz temas incómodos o comportamientos incoherentes que los adultos luchan por esconder o ignorar ante los demás y ante sí mismos), te hicieron sentir culpable y desconfiar de tus sensaciones; te hicieron creer que eras un niño/a que tenía pensamientos y/o reacciones “anormales”, “ilógicas” o “poco adecuadas”.

Te impidieron desarrollar la sensación de calma, seguridad y confianza que habrías podido adquirir de haber sabido ellos relacionarte contigo desde una posición más madura, empática, respetuosa y honesta.

Por eso, ahora, de adulto, te sientes incapaz de controlar el miedo y tus emociones, y no tienes más remedio que evitarlas, que alejarte de ellas. 

Porque no tienes recursos mentales, emocionales y “fisiológicos” (experiencias agradables de haber sido comprendida, respetada, tranquilizada, validada y apoyada) para creerte y sentirte capaz de gestionar las situaciones incómodas o molestas en relación con los demás o con la vida, y actuar con confianza.

Pero te repito: no los tienes porque no te los transmitieron.

No es tu culpa. No aprendiste a ser segura, confiada y fuerte porque no te enseñaron, no te ayudaron a sentirte así, a confiar en ti y en el mundo.

De haberte sabido “acompañar” mejor, y gestionar sus propias emociones ante comportamientos tuyos que les “descolocaran” o incomodaran a ellos, ahora serías muy diferente.

SOLUCIONES respetuosas para afrontar “el miedo, la desconfianza y la evitación”

Para superar el miedo, la desconfianza y la evitación ancladas en tu mente, en tu corazón y en tu cuerpo tienes que permitirte conectar con ellas, sentirlas, reconocerlas, sanarlas y “enriquecerlas”. 

Enriquecer la visión que has ido construyendo de ti misma a lo largo de todas esas situaciones en las que has sentido miedo y desconfianza, y has evitado (lógicamente) enfrentarte a ello (porque, ¿qué loco se lanza a una piscina sin agua?).

En lugar de seguir culpándote por ser desconfiada, insegura o temerosa, y no saber gestionarte emocionalmente de una forma más madura, se trata ahora de re-construir una imagen positiva acerca de ti misma, como una persona inteligente, sensible, observadora, valiosa y capaz…

Para eso, no basta con decírtelo y tratar de embutirte esos pensamientos en la cabeza » debes colocarte a ti misma en situaciones en las que sentiste miedo y los otros adultos que te rodeaban no supieron ayudarte a gestionar tu miedo.

No te reconocieron, te ignoraron, negaron tu derecho a sentir miedo.

Y así solo lograron generar en ti confusión y desconfianza. 

Te hicieron sentir culpable, inadecuada, maleducada, débil, que eras una molestia para los demás…

Aprendiste a no fiarte de ti, de tus emociones, de tus sensaciones; aprendiste que no merecías ser amada cuando tienes miedo (porque en esos momentos nadie te supo dar amor y cariño, sino malos gestos, distancia emocional y “exigencia”).

En definitiva, debes revivir la experiencia de sentirte sola, temerosa, confundida, sin saber en qué o en quién confiar, débil, hipersensible, tonta o poco digna de amor… 

Conectar, re-vivir, sentir todo eso… y darte a ti misma la razón, la atención y el afecto que te faltó que te dieran en esos momentos.

Solo así, conectando contigo misma a través del tiempo, y sanando tus emociones de incomprensión, confusión, miedo y deseo de salir corriendo a lo largo de todas esas experiencias, podrás ir re-construyendo un autoconcepto más positivo acerca de ti, tu valía, tu fortaleza, y tu capacidad para afrontar las emociones negativas propias y ajenas… sin necesitar evadirte o alejarte de todo eso.

Cuando vayas enriqueciendo tu concepto de ti misma, verás que te sientes más fuerte y más capaz de afrontar situaciones que antes te desestabilizaban mucho.

Y que ya no vas a necesitar aislarte o evitar tantas situaciones sociales. Porque te verás más capaz de mantenerte serena y confianza en esos momentos.

No evitar no significa AGUANTAR TODO

*NOTA » quiero aclarar una cosa: cuando te animo a “no evitar” o “reducir las veces que evitas relacionarte con situaciones o personas incómodas o molestas”, no estoy diciendo que no haya cosas, situaciones o personas DAÑINAS de las que debamos alejarnos o que no podamos distanciarnos de ellas. 

Con este artículo hago referencia a la tendencia “descontrolada” de alejarme de casi cualquier cosa que me hace sentirme incómoda en lugar de fortalecer, entrenar o desarrollar algunas habilidades de gestión emocional. 

Si te alejas sin rencor, sin resentimiento y sintiéndote calmada y segura de ser la decisión correcta, entonces es que seguramente lo es. Hay personas con las que resulta realmente difícil tener una conversación o una relación madura y tranquila. Y seguramente alejarte de ellas sea difícil y doloroso al principio.

Sin embargo, si sufres enormemente tu decisión, si te hace sentir incómoda, culpable, o lo haces desde la rabia y el dolor, te invito a trabajar tus emociones de la forma en la que te he indicado (conectando con ellas y validándolas). 

Seguramente el resultado será el mismo: te alejarás de determinadas personas en determinados momentos, porque realmente hacen daño, o no quieres vivir eso en ese momento, pero no necesitarás alejarte de tanta gente en tantas ocasiones, porque tendrás más confianza en ti misma.

Es decir, no te alejarás por “necesidad” o por sentirte incapaz de gestionar tus emociones con casi cualquier persona, sino que querrás hacerlo en determinadas ocasiones, por decisión propia, consciente, voluntaria y serena.

Eso es lo mejor de todo: que vivirás estas situaciones con más calma, porque tendrás más recursos, te sentirás más fuerte, más valiosa y más respetuosa contigo misma, de forma que no experimentarás con la misma intensidad esas sensaciones de ira o resentimiento, incomprensión, frustración o angustia. 

Ya no sentirás tanto miedo (al otro y a ti misma) e inseguridad, y ya no necesitarás evitar tanto a los demás.

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Con ellos estoy resolviendo dudas respecto a estos nuevos artículos y, sobre todo, estamos viviendo en los directos del fin de semana, la experiencia de conectar con nuestras emociones y empezar a sanarlas.

Para que puedas experimentar mayor serenidad y seguridad en ti misma en tu vida.

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