Es normal sentirse desganada, apática, incómoda, triste o molesta pensando en las navidades, los encuentros familiares y las reuniones de compañeros de estudios o trabajo, e incluso antiguos amigos. 

Es NORMAL, comprensible y respetable, si tenemos en cuenta las cosas que voy a comentar a continuación. 

Puede no ser agradable, ni para ti ni para los demás, pero es comprensible (si se hace un mínimo esfuerzo por ponerse en tu lugar y comprender que hay unos motivos válidos y razonables para que te sientas así).

Es normal que no tengas ganas de quedar con ellos porque tienes la sensación de que vas a encontrarte con un montón de charla intrascendente o incluso invalidante, y no te apetece nada invertir tiempo y energía en ese tipo de encuentros. 

Invalidante quiere decir “que no valida”: que no da por válido, no ya lo bueno y maravilloso que hay en ti sino, principalmente, lo “malo”, tus emociones “negativas”… Validar algo bueno es fácil (aunque a veces la gente también falla en hacerlo). Pero validar lo incómodo, lo molesto, es difícil… Sin embargo, es lo más necesario para sentirnos dignas, respetadas, completas y valiosas. Así que es normal que te sientas rechazada si la gente no sabe “respetar” que haya momentos en los que te sientas mal, triste, enfadada, preocupada, celosa o avergonzada… Reprimir todo eso, no permitir que fluya y se exprese -de maneras adecuadas, pero expresarlas-, hace que se vuelva “dañino” y doloroso para ti y/o para otros en ese momento o más adelante.

Por eso, entiendo que te preocupen las fiestas navideñas: porque es tan triste, frustrante y doloroso aislarse y no ver a “nadie” (no acudir a ninguna reunión o encuentro) como ir “por obligación”, sin tener recursos psicológicos y emocionales adecuados para gestionar las emociones que, aunque no quieras, surgirán casi sin ninguna duda en esas circunstancias. 

Te encontrarás con gente que “pasa de ti” el resto del año pero que te diga continuamente “a ver si un día quedamos”, o que te eche en cara el no verte más, que no hables más, o que incluso se te note sinceramente molesto o triste. Y tú te sentirás peor aún porque, a pesar de todo, has hecho el esfuerzo y estás ahí. 

Los demás “deberían” saber valorarte y apreciarte, interesarte sinceramente por ti y decirte cosas buenas y bonitas, en lugar de reproches y/o burlas. Peeeero… no sé si es tu caso, pero en el mío, pocas personas son así. 

La mayoría me dicen que debería animarme más, que qué me pasa, que hay que estar contenta, que tengo que verle el lado bueno a las cosas, que es un momento para estar contenta y alegre, que hable más, etc. 

Que no piense como pienso, que no sienta lo que siento, que no diga lo que estoy diciendo… vamos, que no sea como soy.

Y eso, aunque la mayoría de la población no lo sepa, es “rechazo”. Velado, sutil, camuflado, inconsciente… maquillado de consejos cargados de “positivismo” y buenas intenciones, pero rechazo al fin y al cabo. 

Porque en lugar de escuchar con interés y atención a esa persona, le cortamos, le exponemos nuestra opinión y nos desentendemos del asunto… nos desentendemos de ella.

Y es que la gente no se da cuenta de que para que alguien se sienta rechazado no es necesario insultarle, que también se puede transmitir rechazo por omisión o, en este caso, por invalidación.

Y esto es algo que ya he comentado en otra ocasión, si no me equivoco, y cuando lo hablo con la gente corriente me tachan de exagerada y neurótica. 

Y aquí quiero puntualizar una cosa: reconocer que los demás no nos suelen transmitir validación, aceptación, comprensión y respeto (por las cosas que nos dicen o que no nos dicen, o cómo nos las dicen) no significa que ellos sean los únicos que tengan cosas que cambiar.

Porque muchos de ellos tienen sus experiencias y sus traumas, y sus heridas y demás, aunque no los sepan reconocer como tal… que les dificultan aprender a conectar con sus emociones para poder comprender, empatizar y respetar las de los demás. 

LA CONEXIÓN ES IMPORTANTE, AUNQUE SEAS INTROVERTIDA

Sin embargo, la conexión es inherente a un animal gregario y social como el ser humano… Las personas, queramos o no, necesitamos de los demás para sobrevivir. Otra cosa es que, ya adultos, decidamos que no queremos necesitar a nadie. Pero desde que nacemos y hasta bien avanzada nuestra vida, dependemos de otros adultos de nuestra especie para sobrevivir. 

Dicho de otro modo, nuestro sistema nervioso está diseñado para buscar la conexión que nos garantiza la supervivencia. Pero cuando la conexión, el afecto o el “cuidado” que nos pueden ofrecer los adultos a nuestro cargo, es negligente, deficiente o insuficiente, nuestro organismo tiene que poner en marcha estrategias diferentes para salir adelante y sentirse seguro (volverse frío y autosuficiente, sin confiar en los demás… o extremadamente sensible y dependiente, exigiendo demasiado a los demás).

En cualquier caso, la conexión sincera, respetuosa y cálida con otro ser humano, es lo que más sensación de bienestar puede aportarnos. 

Claro que, en un mundo que cada vez se vuelve más defensivo, más encerrado en sí mismo para no sufrir… es difícil encontrar ese tipo de conexión y afecto nutritivo.

Por todo ello, aunque me cueste reconocerlo, una tiene que aprender a vivir en este mundo tan “deshumanizado”. Una tiene que aprender a reconocer ese distanciamiento emocional defensivo (por parte de otros y de sí misma). Y una tiene que aprender a gestionar la falta de él, sabiendo apreciar las muestras o esfuerzos de conexión por parte de los demás. También es conveniente lograr sentirse una digna y capaz de ir al encuentro de otros, aunque tema no encontrar una conexión de calidad. 

En definitiva, lo que quiero transmitirte con este artículo es que: entiendo que te sientas sola, triste y enfadada a pesar de estar rodeada de gente debido a que no te sientes realmente comprendida y respetada por casi nadie… o, más bien, que te sientes incomprendida por muchas personas.

Y entiendo que es complejo saber qué hacer o qué decisión tomar: si ir o no ir, o ir un rato nada más, si hablar poco o hablar más, si estar alegre o permitirte estar triste y molesta, si ver a unos y no a otros, o verlos a todos o a ninguno, si permitirte descansar (a pesar de la culpa y la tristeza por verte sola) u “obligarte” a salir (a pesar de la frustración y la rabia por sentirte invalidada, incomprendida y “fuera de lugar”)…

Y… como ya he dicho que, desde mi punto de vista, el principal problema de hoy en día, es que la mayoría de la gente no sabe ser comprensiva y respetuosa con los sentimientos de los demás (especialmente los “incómodos y/o molestos”), mi principal objetivo (con este largo artículo, mi proyecto con el blog, etc.) es darte esa comprensión y respeto que tanto te falta, para que empieces a sentirte más valiosa, fuerte y capaz de gestionar tus emociones, tomar decisiones y vivir tu vida contando con otras personas de una manera más equilibrada: sin necesitar aislarte y sabiendo afrontar los momentos de rechazo o abandono por parte de los demás.

Porque, como te decía, la conexión nos nutre el alma.

Y no me gustaría que siguieras tratando de convencerte de que estás sola por decisión propia, que así estás más tranquila, y tienes menos problemas…

(Quizás seas de esas personas que realmente lo piensan y lo sienten, y si está bien para ti, entonces no tengo nada que decirte).

Pero si en el fondo sientes que esa soledad no es ni elegida ni deseada, pero no sabes cómo gestionar ese “ir al encuentro de otras personas y hacer que las emociones que surgen en esa relación, sean más tolerables para ti”, entonces espero que este artículo te haya hecho sentir más acompañada. 

De corazón deseo que estas navidades, a pesar de que pueda ser una época bastante turbulenta a nivel emocional, puedas empezar a vivirla desde una perspectiva más compasiva, sabiendo que lo que buscas y anhelas (conexión y comprensión) es totalmente normal y válido.

Por último, un consejo: la insatisfacción en tus relaciones puede ser un reflejo de tu insatisfacción en otras áreas, como el área laboral o familiar. A veces, tratamos de calmar la insatisfacción en un área (que creemos que somos incapaces de mejorar), mejorando otro área. Sin embargo, es más conveniente tratar de ver qué podemos hacer por mejorar el área en cuestión.

En mi caso, por ejemplo, me doy cuenta de que la insatisfacción que siento a nivel laboral la estoy tratando de calmar o sustituir con el área social; así que, en lugar de ponerme “manos a la obra” para sacar adelante mi proyecto profesional (porque me siento insegura e incapaz de sacarlo adelante), me obsesiono con mis amistades. Y al final, termino contagiando y “estropeando” dos áreas. Si me centrara en desarrollarme a nivel laboral, esa satisfacción positiva (y no negativamente) en mi vida social: no necesitaría tanto a la gente ni me sentiría tan sola ya que otra área de mi vida me está haciendo sentir satisfecha también, y no cargaría todo el peso de la satisfacción vital en los amigos. ¿Me explico? 

Por tanto, además de buscar conectar con otras personas, y ser comprensiva y compasiva con tu sensación de soledad (reconociendo lo poco comprensivas y compasivas que pueden llegar a ser los demás), busca invertir parte de tu tiempo, atención y energía en proyectos (laborales, de ocio, familiares, etc.) que te hagan sentir satisfecha. 

Sí, sé que es difícil porque parte de esos proyectos pueden incluir a personas igualmente poco comprensivas y compasivas y hacerte sentir mal, pero espero que puedas encontrar la manera de hacerlo (contando puntualmente con familiares o amistades -nuevas o “viejas”- que sí lo sean y te hagan sentir bien).

Porque vales, puedes y te mereces conectar afectuosamente con otras personas… y sentirte mal si no lo encuentras.

Estas navidades, tienes toda mi comprensión y mi apoyo.

Introvertidamente Tuya,

Irtha López