Aprender a controlar la ansiedad es importante puesto que lo que consideras parte de tu personalidad introvertida (“y ya está”), puede estar indicando la existencia de ciertos bloqueos, carencias o dificultades que es posible resolver para que tengas una vida más plena y feliz.

Quizás, descubrir que formas parte de de un grupo muy grande de personas llamadas “introvertidas” te haya hecho sentir aliviada, más tranquila y mejor contigo misma…

Pero es posible que, a pesar de eso, sigas teniendo ciertas dificultades para relacionarte con los demás… y que no termines de sentirte del todo cómoda, satisfecha y feliz.

¿Quieres saber por qué? (Atenta al apartado 4).

La ansiedad te vuelve más introvertida.

1. ¿Qué es la ansiedad? 

La ansiedad es un conjunto de síntomas físicos y mentales, fruto de la incapacidad de nuestro sistema nervioso para calmarse tras vivir un pico de activación fisiológica (o corporal) y mental cuya finalidad era prepararnos para pasar a la acción y defendernos (atacando o huyendo).

“Activarnos” (agudizar nuestra mente y nuestra vista, acelerar el pulso y la respiración, etc.) frente a una situación que percibimos como potencialmente peligrosa no es el problema. 

De hecho, necesitamos poder activar nuestro cuerpo ante un peligro, no solo a nivel físico sino también social, que puede dejarnos aislados del grupo y amenazar nuestra supervivencia, especialmente cuando somos pequeños y aún no podemos valernos por nosotros mismos.

El problema surge cuando, por distintos motivos, no logramos calmar esa activación (esa preparación para la acción y la defensa) una vez que la situación ha pasado.

Ya sea porque no conseguimos defendernos del todo bien, y/o porque nadie quiso escucharnos y apoyarnos tras el “incidente”… la activación que pretendía protegernos no se “desactiva” porque aún no nos sentimos seguros, “a salvo».

Por ejemplo, si de bebé siento hambre, o frío, o miedo… y lloro para que me den de comer, me abriguen, o me cojan en brazos, pero me ignoran…

O si, cuando soy pequeño, mi padre me grita y yo me tapo los oidos, le “golpeo” o lloro para que pare, pero a él le da igual y sigue “hiriéndome con sus comentarios”… 

O si los compañeros del colegio me pegan y me intento alejar pero me siguen y continúan pegándome… 

O si hay unos chicos en mi barrio que se burlan de mí y por mucho que les diga que me dejen tranquilo, ellos siguen riéndose de mí… 

Y cuando voy a contarle lo que me ha sucedido a alguien que pienso que me va a comprender, apoyar y tranquilizar, en vez de eso me dice que yo hice o dije algo mal, que no debería haber hecho (x), o que debería haber dicho (x)… 

O le quita importancia e ignora mis sentimientos…

Y esto se repite con cierta frecuencia… me voy a sentir indefenso, incapaz de protegerme, y con una activación “molesta”, que no voy a ser capaz de calmar… porque nadie me ayudó o enseñó a hacerlo.

Por eso, cuando vaya creciendo, voy a experimentar más preocupación o temor que otras personas que sí pudieron defenderse y saben que pueden volver a hacerlo si lo necesitan, porque tienen herramientas o apoyos que les permiten “volver a la calma” tras cualquier tipo de incidente.

En resumen, podríamos considerar la ansiedad como: “el temor, miedo o preocupación ante lo que pueda pasar, que surge de la (sensación de) incapacidad para defendernos y volver a un estado de calma… debido a que no pudimos protegernos adecuadamente en el pasado, y/o no recibimos apoyo y comprensión cuando eso pasó”.

2. Ansiedad, regulación emocional y participación social

Se dice que la ansiedad es el “miedo al miedo”, es decir, temer sentir miedo: en cuanto empezamos a sentir algo de miedo, nos preocupamos, porque creemos que NO seremos capaces de controlarlo.

Tememos el miedo porque no sabemos calmarnos. Porque no nos ayudaron a hacerlo.

Pero no solo no nos enseñaron a calmarnos tras sentir miedo… 

En realidad, no supieron calmarnos en general: ni cuando sentimos miedo ni cuando vivimos alguna situación que nos hizo sentirnos tristes, enfadados, frustrados, avergonzados, culpables, arrepentidos…

Por eso no sabemos calmar casi ninguna emoción.

Por eso experimentamos tanta ansiedad, temor o preocupación ante las circunstancias de la vida…

Y por eso tememos tanto relacionarnos con otras personas… porque activan en nosotros emociones que no sabemos regular.

Es esa ansiedad (esa incapacidad para regularte y calmarte), la que te lleva a aislarte más de lo necesario. A relacionarte con los demás menos de lo que eres capaz. Y a poner demasiadas condiciones y limitaciones a la hora de hacer algo con otras personas.

Por eso, para reducir la ansiedad (y mejorar tu relación con los demás), el objetivo no es tanto sentirte capaz de afrontar el miedo en sí, sino sentirte capaz de afrontar tus emociones en general (la tristeza, el enfado, la soledad, etc.).

3. Cómo es una introvertida con ansiedad

Hay personas introvertidas que se sienten bien en su piel y no experimentan grandes dificultades o molestias al relacionarse con el mundo y las circunstancias de su vida. Tienen estrategias de regulación emocional adecuadas, así como un buen autoconcepto, y gestionan adecuadamente su ansiedad y sus relaciones sociales.

Sin embargo, también he conocido a personas introvertidas que no se sienten a gusto con la forma en que le tratan los demás, o la forma en la que ellas se relacionan con otras personas y afrontan las circunstancias de su vida. 

Se sienten incomprendidas, rechazadas o incluso humilladas con frecuencia. Débiles o incapaces de cambiar las cosas.

Y por eso se retiran a su “cueva” siempre que pueden: para desconectar, descansar del mundo y recuperarse…

No es que sean introvertidas, es que no tienen herramientas adecuadas y suficientes para afrontar las emociones que han ido viviendo hasta ese momento al relacionarse con otras personas.

Piensan mucho, tratando de entenderlo todo (lo que pasó, lo que está pasando, lo que va a pasar… por qué sucede eso y por qué de esa manera, etc.) para evitar volver a equivocarse y molestar a los demás, o que los demás les molesten a ellas. Se vuelven muy exigentes consigo mismas y con los demás.

Es su forma de gestionar sus emociones: evitar hacer algo que las haga aparecer.

Todo ese trabajo mental mantiene a la persona en un estado de activación corporal, mental, emocional… casi permanente. No son capaces de “activar” el modo de descanso, calma o relajación.

En cambio, una persona introvertida SIN ansiedad tiene herramientas para gestionar las emociones que vive cuando está ahí fuera, en el mundo… y por eso NO necesita pensar y aislarse tanto.

4. ¿Por qué ibas a querer ser menos introvertida?

Quiero que sepas que NO es malo ser introvertida: no es malo ser tranquila, observadora, reflexiva, introspectiva, profunda o prudente y sentirse bien en soledad…

Mi objetivo al gestionar mi ansiedad NO era dejar de ser introvertida y volverme una persona extravertida, súper dinámica, alegre y “alocada”.

Quería seguir disfrutando de mis aficiones tranquilas, y de hacer cosas a solas y relajada. 

Pero también deseaba sentirme más cómoda con mis relaciones sociales.

Para no sentirme tan sola, incomprendida y aislada. Para sentirme más valiosa y fuerte. Para avanzar y disfrutar más de la vida, y sentirme más completa, integrada y satisfecha conmigo misma.

Y no pude empezar a conseguirlo hasta que acepté que tenía más ansiedad de la que pensaba. Y entendí que esa ansiedad venía de mi pobre capacidad de autorregulación emocional.

Saberte, sentirte y ser capaz de regular tus emociones y controlar la ansiedad te permite sentirte más relajada en situaciones sociales que te han estado provocando mucho malestar (antes, durante y después de vivirlas). 

Ya no te preocupa tanto lo que la otra persona pueda decir o hacer en general, y cómo vas reaccionar tú entonces, porque sabes que no te va a afectar como antes, que podrás gestionarlo. 

Porque sabes calmarte y animarme a ti misma. 

Sigues siendo introvertida. Pero ya no eres tan ansiosa, reservada, insegura o irritable.

Te sientes más integrada en el mundo.

Un nuevo mundo se abre ante ti.

5. Cómo reducir la ansiedad para vivir una vida más completa, relajada y feliz

Mucho he leído acerca de estrategias para regular las emociones, controlar la ansiedad y aumentar la autoestima. La mayoría no solo no son útiles, sino que pueden hacerte empeorar.

En el próximo artículo te hablaré de algunas herramientas de gestión emocional que realmente ayudan a calmar nuestro sistema nervioso, reducir la ansiedad, gestionar nuestras emociones y aumentar nuestra autoestima.

Y es a través de un enfoque que he decidido llamar: 
MODELO RECOVE, «REestructuración COgnitiva con Validación Emocional».

Te contaré en qué consiste en el próximo artículo ,)

6. Resumen

Ser introvertida NO es malo. Y no es algo que tengas que cambiar.

PERO si te niegas a reconocer tus dificultades para regular tus emociones y controlar la ansiedad, quizás no consigas relacionarte con los demás (y con las distintas circunstancias de tu vida) con más confianza, calma y bienestar.

Aceptar que eres como eres quizás no esté siendo suficiente para sentirte realmente a gusto con tu forma de ser, de relacionarte y de vivir. 

Quizás la aceptación no te esté ayudando a llenar el vacío o a aliviar el dolor (soledad, incomprensión, abandono…) que aún sientes en tu interior.

Por eso en el siguiente artículo te cuento cómo me he propuesto ayudar a personas introvertidas (como tú) a controlar su ansiedad y regular sus emociones, de una forma sana (que se mantenga en el tiempo sin esfuerzo)… para que puedas ser socialmente más participativa y vivir tu vida de una forma más plena, íntegra, fuerte, valiente, “sólida”, serena y satisfactoria (SI QUIERES).

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Introvertidamente Tuya,

Irtha López