Este artículo es para todas aquellas personas que SABEN que TIENEN que dejar de pensar tanto las cosas e incluso saben CÓMO (porque han leído muchos artículos con ideas, pautas y ejercicios que aparentemente le han funcionado a muchas personas) pero no consiguen parar su mente…

No puedo dejar de pensar

Si estás leyendo esto es porque seguramente eres una persona que le da muchas vueltas a todo, por pequeño que sea.

Probablemente hayas leído bastante acerca de lo problemático que es darle demasiada importancia a las cosas e intentar controlarlo o entenderlo todo.

Estoy convencida de que te han dicho muchas veces que te centres en el presente, que confíes en que las cosas van a salir bien, que te dejes fluir, que no necesitas controlarlo todo.

Y sí, claro que es verdad.

Todos sabemos lo angustioso que es darle mil vueltas a las cosas y no poder parar.

Seguro que tienes claro cristalino que no es nada agradable, que te genera malestar, estrés, ansiedad e incluso depresión. Y que debes cambiarlo.

E incluso sabes que lo que tienes que hacer es ser más positiva, no luchar con tu mente, no creerla, ignorarla, distraerte con otra cosa o que cambiar tus pensamientos, meditar, pasar a la acción (aunque mueras de miedo, o te “de igual”), hacer deporte, rodearte de gente positiva, hacer lo que te gusta…

Pero por mucho que lo intentas (hacer lo que «sabes» que tienes que hacer para dejar de pensar) el caso es que no lo consigues.

Sientes que te falta algo, como un “clic”, que te facilite vivir y disfrutar de tu vida y de tu día a día, sin estar pensando siempre en mil cosas a la vez.

Por qué no consigues dejar de pensar

Para mí, el motivo principal por el que no consigues hacer aquello que te ayudaría a dejar de pensar (o realmente, aquello que demostraría que ya has dejado de hacerlo), es que te falta un ingrediente fundamental.

Fíjate en esto: 

Pensamientos » Emociones » Acciones

Este es el esquema básico que siguen todas esas corrientes de pensamiento «positivo» que se basan en darte consejos en forma de solución (es decir, de resultado final y no de proceso).

Te dicen: tu forma de pensar te hace sentir mal y por eso no avanzas; cambia tu forma de pensar y cambiarás todo lo demás.

Pero esto es una explicación circular: si tu problema es que piensas mucho, la solución es que pienses poco… ¬¬

¿Acaso nadie más ve lo poco útil que es ese consejo?

 Como quien nos dice “estoy triste”, y le decimos “no estés triste”…

¿¡En serio!? ¡¡No lo había pensado!! 

Así que no, dejar de pensar, meditar, ser más positivo, poder centrarte en el presente y no rumiar el pasado o el futuro, hacer ejercicio sin pensar en nada más que en eso, etc., es la CONSECUENCIA y no la causa de “pensar menos”.

Por eso, para poder realmente hacer todo eso que te encantaría poder hacer de lograr reducir tu necesidad de darle vueltas al coco, tienes añadirle a la fórmula anterior el ingrediente especial del que te hablaba antes.

Emoción » Pensamiento » (emoción) » Acción

Si tenemos en cuenta que el inicio del proceso psicológico no son los pensamientos sino emociones de las que no somos del todo conscientes, y de las que no podemos «escapar», entenderás mejor por qué no puedes dejar de pensar tanto.

Por qué te has convertido en una persona que le da tantas vueltas a todo

Si has leído el apartado anterior empezarás a ver que hay cosas ahí, en tu cabeza, muy antiguas y sobre las que ahora mismo no tienes control, que son las que te llevan a ser como eres, y a pensar a un nivel que podría fundirle los plomos a cualquiera en menos de 5 minutos.

¿Por que tú piensas mucho más que muchas de las personas de este mundo?

Porque así es como has aprendido tú (o más bien, como aprendió tu yo del pasado, infantil y limitado en recursos psicológicos) a afrontar ciertas situaciones que sobrepasaban tu capacidad en ese momento para entender y gestionar el rechazo, la frustración, el enfado, la falta de afecto, la confusión, el abandono, la falta de comprensión, la crítica, la exigencia o incluso el maltrato físico directo y nada sutil, tanto psicológico como físico.

Así es.

Unos aprendieron a ignorar su dolor, a pasar página, a ver solo el lado bonito de la vida, a tirar para delante solos, a echarle agallas, a desconectarse de las emociones negativas…

Y tú aprendiste a tenerlas muy en cuenta y racionalizarlas, a tratar de entenderlas, a prestar atención a las necesidades de los demás, intentando controlarlo todo para evitar herirles o que te hicieran daño a ti, evitando actuar por miedo a no hacerlo bien, quedándote quieta hasta estar segura de que el peligro ha pasado…

No es culpa tuya, no naciste así, y entenderlo te ayudará a sentirte mejor contigo misma y cambiar. 

Cómo reducir el exceso de pensamiento, la rumiación y la necesidad de control

Para poder romper el círculo y conseguir liberarte de tu necesidad de pensar y controlar mediante el pensamiento todo lo que ha ocurrido o va a ocurrir (por mínimo que sea) recomiendo estas herramientas, en este orden:

  1. Tomar consciencia (psicoeducación)
  2. Conectar con tus emociones (recuperar recursos)
  3. Autocompasión, aceptación y compromiso (vivir en serenidad e ilusión)
  4. Trabajo cognitivo-conductual de autoestima (valores, asertividad, creencias distorsionadas…)

Las 2 primeras son, para mí, el quid de la cuestión, el centro de la terapia, el germen del cambio.

Consiste en un trabajo profundo para sanear o “sanar la línea de tiempo”.

Liberarte de una forma respetuosa, más cálida, comprensiva y acogedora, de todo aquello que ya no quieres mantener en tu vida.

Dejar de ser aquello que ya no quieres ser y poder ser lo que estás anhelando.

Una persona más serena, más segura, más dinámica…

Ir hacia atrás para darle a la niña o niño que fuiste los recursos y herramientas que tu mente consciente y adulta está tratando de asimilar, pero que la personita que fuiste aún no asimila.

Viajar del presente al pasado para entender cómo la falta de un acompañamiento externo adecuado impidió que ese pequeño desarrollara sus recursos internos para gestionarse emocionalmente, tanto en ese momento como en el futuro…

Y viajar del pasado al presente para liberar al adulto de las emociones y creencias distorsionadas, limitadas y enquistadas (pero lógicas, mirando hacia atrás) que carga desde pequeño acerca de su incapacidad para cuidar de sí mismo, para confiar en él, para amarse tal como es y para regularse… 

Conectar con el niño o la niña que fuiste, que se sienta vista, comprendida y respetada, para liberarle de la necesidad de autocontrolarse o controlar su conducta y su entorno, para experimentar la seguridad de que está bien, de que ella no es defectuosa, ni culpable, ni maleducada, ni una carga, ni está vacía, o vale poco, o que tiene que esforzarse más que nadie para no fallar o no herir a los demás.

Conectar con tu pasado para poder “liberarte” de él y conseguir ser en el presente una adulta completa y segura, que no necesita seguir desarrollando estrategias inadecuadas (exceso de pensamiento, rumiación y control) para evitar sufrir y regular sus emociones, porque ha conseguido “regular” las emociones internas, inconscientes de su pasado, que la llevaban a seguir sintiendo en el presente miedo, inseguridad, culpa, rabia, vergüenza, arrepentimiento, necesidad de perfección, de ser vista, de no fracasar…

Una vez que has hecho este trabajo profundo contigo, los otros dos pasos son más fáciles. Incluso te saldrán casi de manera natural.

Sin embargo, si empiezas por aquí, por el final, el camino será mucho más forzado y tedioso (aunque aparentemente parezca más lógico o agradable y «positivo»).

Es como tratar de plantar un jardín precioso en un patio de cemento: quizás sea más conveniente romper y sacar antes todo ese cemento para poner una base más blanda y nutritiva, de forma que lo que plantes sea fuerte y dure mucho.

Libre y feliz al fin

Espero que ahora entiendas por qué te costaba tanto hacer lo que sabías que tenías que hacer: ser una persona menos analítica y controladora, para poder ser una persona más “fluyente” y relajada.

Y que al entender qué te mantiene atrapada en tu dinámica de pensamiento te sientas más capaz de lograrlo al fin.

Porque ya no eres presa de tus emociones, ya no eres presa de tus pensamientos, y puedes cambiar tu forma de actuar. 

Pero tienes que entenderte, respetarte, conectar con tus emociones y liberarlas.

Al menos yo creo que no tiene sentido forzarte a hacerlo de otra forma.

Y tú, ¿cómo lo ves?

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