Hay personas que, cuando nos sentimos mal, buscamos a otras personas para que nos ayuden a sentirnos mejor.

Y es que contar con la escucha, la comprensión y el apoyo de otra persona es uno de los antidepresivos (y ansiolíticos) naturales más potentes con los que cuenta el ser humano.

Sin embargo, muchas personas (ante esta necesidad de atención) pueden hacer sentir al otro que su demanda no es válida ni adecuada.

Son personas que, cuando alguien busca desahogarse, les dicen (directa o indirectamente) que no deberían necesitar a los demás o contar con ellos para hacerles sentir bien.

Eso puede hacer que la persona que buscaba comprensión y apoyo llegue a pensar que es débil y defectuosa por querer apoyarse en alguien 

Y todo esto le lleva, en bastantes casos, a desarrollar una importante falta de amor propio.

¿Por qué sucede esto? 

¿Por qué hay personas que buscan apoyo y cuando no lo consiguen se sienten mal consigo mismas? ¿Tienen razón las personas que nos dicen que deberíamos ser más seguras e independientes? 

¿Es así como deberíamos curar la falta de amor propio: aprendiendo a cuidarnos y querernos a nosotras mismas sin necesidad de los demás?

Tiene lógica, ¿no? Pero, si así fuera: ¿cómo aprendemos a cuidarnos y querernos a nosotras mismas sin necesidad de los demás? ¿Es posible? (¿Y recomendable?).

Las personas que buscan apoyo… ¿son inseguras?

¿Por qué hay personas que buscan apoyo?

¿Es porque son inseguras, porque les falta amor propio, porque tienen baja autoestima?

En realidad, no tiene por qué ser así.

De hecho, buscar apoyo es lo natural.

Somos animales, mamíferos, gregarios: nuestro cerebro está diseñado para buscar apoyo y conectar, no para vivir de forma independiente.

En condiciones de gran peligro es cierto que es el cerebro reptil, individualista, el que se pone en marcha y trata de protegernos sin pensar en los demás…

Sin embargo, en condiciones normales, nuestro cerebro mamífero nos impulsa a buscar una comunidad a la que pertenecer: formando parte de un grupo está más seguro y protegido, y puede sentirse relajado.

Pero para beneficiarse de la seguridad y la tranquilidad que da saberse protegido por la fuerza del grupo, no basta con formar parte de uno: hay que encajar.

Y para sentir que encajamos (y confiar en que el grupo querrá defendernos de los peligros que puedan surgir) necesitamos sentirnos valorados y aceptados. 

Resumiendo: formar parte de un grupo + sentirnos valorados y aceptados (encajar) = sentirnos seguros.

Pero, ¿cómo conseguimos sentirnos valorados y aceptados?

Un miembro de un grupo se siente válido y aceptable en la medida en que los demás le ayudan a sentirse así: si le escuchan, atienden sus necesidades físicas y emocionales, le comprenden, respetan y valoran a pesar de sus dificultades y le animan a ser él mismo… es más fácil que ese miembro del grupo se sienta seguro de sí mismo y de su pertenencia al grupo (y de que este le apoyará o defenderá si lo necesita).

Una persona que forma parte de un grupo y es aceptada: se siente más segura, más valiosa y más fuerte, pero también busca apoyo cuando lo necesita porque confía en los demás

Sin embargo, si el grupo no atiende, comprende y respeta las necesidades físicas y emocionales de uno de sus miembros, si este no se siente comprendido, respetado, apreciado y aceptado, y tiene la constante sensación de que los demás esperan que cambie (su forma de pensar, sentir, hablar, comportarse… o ser) es más probable que este sienta que no encaja y dude de sí mismo (de su valor y su valía) y de los demás.

“Sabe” que su grupo no termina de entenderle, apreciarle y aceptarle. Y por eso no está seguro de que este le apoye, defienda o proteja si lo necesita.

Esto puede hacer que esta persona desarrolle una necesidad “insaciable” de ser atendida, tenida en cuenta, defendida, protegida o apoyada.

En definitiva, si el grupo no cuida de uno de sus miembros la búsqueda sana y natural del apoyo del grupo puede verse truncada y convertirse una necesidad de atención y reafirmación difícil de satisfacer. 

Si el grupo no cuida de uno de sus miembros, la búsqueda sana y natural de apoyo puede convertirse en una dolorosa necesidad de atención y reafirmación.

Cuando la inseguridad se transforma en autosuficiencia

Hay personas que, ante la experiencia de no ser atendidas, comprendidas, apreciadas, apoyadas, aceptadas, defendidas y/o protegidas, desarrollan una importante (y protectora) sensación de independencia.

En lugar de demandar más atención y reafirmación para ver si así consiguen sentirse más integradas y seguras, buscan cuidar de sí mismas sin necesitar contar con los demás.

Se “convencen” de que no necesitan ayuda, y lo hacen a costa de acallar o apagar sus propias necesidades físicas o emocionales.

Ser tan independientes y autosuficientes tiene sus ventajas, y es que (al menos aparentemente) la falta de comprensión, aceptación o apoyo les afecta en menor medida.

El problema es que al ignorar, reprimir o negar sus necesidades físicas y emocionales les cuesta más reconocer, comprender, respetar y atender las necesidades físicas y/o emocionales de los demás.

Y esto afecta en sus relaciones con otras personas, especialmente con aquellas que necesitan más atención, comprensión, aceptación y apoyo.

Por eso las hacen sentir mal por necesitarles: porque ellos mismos se sienten orgullosos de no necesitar ayuda y porque eso les supone tener que dar una atención que no quieren dar.

Esto no lo hacen de forma consciente y deliberada, claro. 

En general, las personas que desarrollan esta forma de ser han crecido en ambientes que castigaban la expresión de las necesidades y premiaban o estimulaban la independencia. 

(En el caso de las personas que demandan mucha atención, los ambientes en los que se criaron eran en cierto modo impredecibles: a veces se les atendían y eran cariñosos con ellos, y otras veces los ignoraban).

¿Quién tiene razón: el que busca apoyo o el que defiende la autosuficiencia?

Ambos la tienen. Y no la tienen.

Ser capaces de cuidarnos y querernos a nosotras mismas tiene un gran valor, pero poder contar con los demás también lo tiene.

Tanto el apoyo como la autosuficiencia son beneficiosas para el ser humano. 

El problema es cuando, debido a las circunstancias y experiencias vividas, desarrollamos (de forma inconsciente, defensiva, comprensible y respetable) una personalidad parcial y rígida.

Y es comprensible y respetable porque la personalidad que desarrollamos como adultos, incluso aunque nos cause un gran malestar a nosotras mismas o a los demás, no es más que la estrategia más adecuada y disponible que encontró nuestro cerebro cuando éramos pequeños para hacernos sentir más seguros y relajados (buscando apoyo o independencia).

Sin embargo, es posible desarrollar una personalidad más madura, flexible, completa y fuerte tomando consciencia de todo esto y tratando de integrar los dos aspectos en nuestro interior: la confianza en el grupo y la capacidad de buscar apoyo… y la confianza en uno mismo y la capacidad de ser autosuficiente.

Caminar de forma independiente sabiendo que podemos apoyarnos cuando queramos o lo necesitemos es más sano que no apoyarnos nunca o no soltarnos jamás.

¿Pero cómo conseguimos que los extremos se acerquen?

¿Cómo conseguimos que el que es inseguro y demanda mucha atención no la necesite tanto y sea más autosuficiente… y que el que es inseguro e independiente confíe un poco más en los demás y atienda mejor sus necesidades?

Cómo curar la falta de amor: de la inseguridad a la seguridad

Al ser animales sociales, necesitamos la atención, la comprensión y el cariño de los demás para sentirnos seguros, tanto física como emocionalmente.

Sin embargo, tanto a la persona que busca ansiosa e insaciablemente el apoyo de los demás, como a aquella que evita sentir que lo necesita, les faltó ese amor; por eso son inseguras.

Es la falta de amor lo que les llevó a ser inseguras y por tanto es amor (atención, comprensión, aceptación) lo que necesitan para sentirse más seguras y conectar mejor con los demás.

Para conseguir que ambas puedan flexibilizar sus personalidades (y defensas), es necesario hacerlas sentir seguras atendiendo, comprendiendo y respetando las necesidades y la forma de ser de cada uno: una en su búsqueda de apoyo y, la otra, de autonomía. 

Si necesitas mucho apoyo, y la persona con la que te relacionas no entiende esto (diciéndote que seas más autosuficiente), te puedes sentir insegura y necesitar aún más apoyo.

Si necesitas mucha independencia y la persona con la que te relacionas no entiende esto (pidiéndote más apoyo), te puedes sentir insegura y agobiada y necesitar aún más espacio. 

Por eso es importante conocer y entender tus necesidades y aprender a diferenciar a las personas que pueden hacerte sentir comprendida, segura y tranquila… de las que te pueden hacer sentir incomprendida, insegura y nerviosa.

Tomar consciencia de tu necesidad de apoyo o independencia y comprender mejor qué personas o situaciones agudizan esa necesidad, te permite buscar formas más sanas y seguras de sentirte bien.

Curar la falta de amor implica comprender nuestra inseguridad y encontrar formas más maduras y sanas de sentirnos seguros.

Cuando comprendemos nuestra forma insegura de ser y las estrategias automáticas e inconscientes que empleamos para recuperar la seguridad podemos empezar a curar la falta de amor propio y ajeno: podemos escoger con más consciencia las personas con las que nos relacionamos y cómo nos relacionamos con ellas, para poder experimentar más tranquilidad, confianza, comprensión, respeto y cariño.

Si quieres puedo ayudarte a comprender tus necesidades y atenderlas de forma más sana, y a identificar con quién y cómo vincularte para sentir mayor seguridad y calma en tu vida.

(artículo creado el 4 de noviembre de 2017 y modificado el 20 de febrero de 2021)

Bibliografía

HERNÁNDEZ PACHECO, M. (2017). Apego y psicopatología, la ansiedad en su origen. Bilbao: Descleé de Brouwer.

LEVINE, A. Y HELLER, R. (2016). Maneras de amar, La nueva ciencia del apego adulto y cómo puede ayudarte a encontrar el amor y conservarlo. Madrid: Books4pocket

PORGES, S.W. (2017). Guía de bolsillo de la teoría polivagal: el poder transformador de sentirse seguro. Barcelona: Eleftheria

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Hablo en "femenino" porque me dirijo a personas. Así, tanto si eres hombre como mujer, puedes sentirte identificada 😉

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