¿Quién soy Yo?

Me llamo Irtha, que se pronuncia Irza (o Irsa, si eres canaria o latina y no pronuncias las “/z/”). 

Soy psicóloga y…

Me considero introvertida, insegura, ansiosa… y también reflexiva, comprensiva y empática.

Durante la mayor parte de mi vida he tenido un autoconcepto muy pobre y negativo de mí misma. Me consideraba inadecuada, incompetente, molesta incluso.

No entendía por qué yo era así, y por qué no conseguía ser una persona más segura de sí misma, alegre y sociable.

Por experiencia propia sé lo triste que es darte cuenta de que tu forma de ser te hace daño, o no te beneficia, y no poder cambiarlo.

Ver cómo la gente a tu alrededor se relaciona con facilidad y, por mucho que sabes lo que “tienes” que hacer para caer bien y hacer amigos, ser incapaz de hacerlo…

Intentas cambiar tu forma de pensar, de sentir, de actuar, de ser… para ser “mejor”, sentirte mejor, relacionarte mejor… y nada.

Durante mucho tiempo me sentí incomprendida y sola. Frustrada.
Decepcionada conmigo misma y con los demás. Desmotivada.

Peor aún para mí era pensar que yo había estudiado psicología, “era” psicóloga, supuestamente “sabía” mucho… Y, a pesar de todo, era incapaz de ayudarme a mi misma a ser más feliz.

Me sentía real y completamente inútil, defectuosa e hipócrita… Una auténtica impostora.

Pero en febrero de 2019 se abrió para mí una puerta a una forma totalmente nueva de entenderme a mí misma y entender el mundo. 

Conocí a Manuel Hernández Pacheco y su libro “Apego y Psicopatología: la ansiedad y su origen” y su modelo PARCUVE.

Empecé a leer y formarme sobre apego y trauma. Y gracias a eso he aprendido habilidades cognitivas y emocionales que han supuesto una auténtica transformación en mi forma de verme a mí misma y de sentirme en relación a otros.

Aprendí a conectar con mis emociones de forma más consciente, sana y serena,

lo cual ayudó a que mis creencias y pensamientos se volvieran más amables,

y esto me permite pasar a la acción en situaciones que antes temía o evitaba.

No he alcanzado la iluminación o el Nirvana, ni mucho menos. Aún tengo mucho que aprender, emociones que gestionar, heridas que sanar, habilidades que desarrollar, relaciones que mejorar… 

Pero siempre diré que gracias a todo lo que el libro y el curso de Manuel Hernández trajeron y siguen trayendo a mi vida, me siento más capaz que nunca de afrontar situaciones y circunstancias que, en otros momentos, habrían acabado conmigo.

Dicho de otra manera, sigo viviendo experiencias que me resultan difíciles y retadoras, a veces incluso desalentadoras. Pero tengo las herramientas necesarias y suficientes para seguir avanzando, no con resignación como antes, sino con más confianza y seguridad.

Sobre todo, me trato con más comprensión y compasión.
Y eso, para mí, es un gran paso.

Porque me permite relacionarme con el mundo y con los demás manteniendo mi autoestima y mi autoconcepto relativamente a salvo. 

Donde antes me machacaba a saco por haber dicho o hecho algo fuera de lugar, inadecuado o molesto… ahora va creciendo una actitud más empática y amorosa, más serena y segura. 

Y quiero ayudarte a ti a lograrlo. 

Agradecimientos

Quiero agradecer especialmente a María Antonia Salamanqués, psicóloga y terapeuta EMDR su acompañamiento en el breve periodo de terapia que viví con ella y que sirvió para afianzar los conocimientos y recursos internos que fui adquiriendo antes de conocerla.

Ella es una base segura para mí, un puerto al que no dudo en regresar cuando la tormenta en mi interior es demasiado grande y necesito parar, descansar y recuperar el equilibrio, la estabilidad y las fuerzas.

Ojalá yo pueda ser una base segura para ti, como ella lo ha sido para mí.

  • Mi nombre, Irtha, lo leyó mi madre en un libro sobre la Atlántida. Como buena introvertida a la que le gusta comprender el significado de las cosas, busqué su historia y lo llegué a enlazar con la mitología nórdica y el nombre que le daban a la «madre tierra» (me gusta esa conexión entre mi nombre y mi aprecio por la naturaleza)

 

  • Para más confusión, tengo una hermana gemela con un nombre muy parecido al mío. Sí, nos confunden por la calle (las primeras veces me daba mucho apuro, ahora incluso me parece divertido). Y no, no hemos tenido esas experiencias de sentir lo que siente la otra en la distancia; por ahora ,)