Como comentábamos en el artículo anterior, las introvertidas, en general, pasamos mucho tiempo pre-ocupándonos.

A veces exteriorizamos nuestros pensamientos y los compartimos con alguien más, alguien cercano, pero en gran parte, nos los guardamos para nosotras.

Puede que, por petición de esas personas cercanas o por decisión propia, te plantees que, al menos de vez en cuando, te gustaría compartir tus preocupaciones con otra.

Sientes que ya llega un momento en el que necesitas soltar todo lo que hay en tu cabeza, y sentirte escuchada, entendida y acompañada.

Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo superar esa sutil barrera para abrirnos a la otra persona?

Por qué no nos gusta compartir nuestros pensamientos

Como ya sabrás, las personas introvertidas, por lo general, analizamos en profundidad todos los aspectos de una situación, manejamos gran cantidad de datos e información, abrimos múltiples vías de acción al mismo tiempo, planificamos con meticulosidad, establecemos pasos y plazos, etc.

Esto lo hacemos en todos los ámbitos de nuestra vida. No sólo en el laboral o profesional, sino también en el personal y el social.

A la hora de abordar cualquier situación nos ponemos a diseñar caminos como si fuéramos ingenieras de obras públicas.

Y se nos da bastante bien (casi siempre).

A veces se nos desvía un poco el camino y acabamos donde no queríamos, o damos con un callejón sin salida, o terminamos construyendo más rotondas de las necesarias…

Pero esa capacidad para manejar muchos datos y planificar nos diferencia de otras personas a las que el simple hecho de sumar 2+2 les parece agotador.

Hasta ahí bien. Nosotras nos bastamos para preparar y transitar las carreteras que queremos recorrer.

El problema es cuando llega el momento del bloqueo, de la saturación.

frustrada

Cuando perdemos de vista el horizonte, la meta. Y nos quedamos varadas a un lado de la carretera, o dando vueltas en la misma rotonda, días, semanas, esperando. Esperando a que las cosas cambien.

Por una parte, porque, a diferencia de las extravertidas, a nosotras hablar o actuar NO nos ayuda a aclarar las ideas (por norma general). Necesitamos pensar y hacer introspección para “ver” la solución antes de hablar.

Por otra parte, porque nos da miedo pedir ayuda.

Porque “sabemos” que, en bastantes ocasiones, estaremos hablando con una persona más extravertida que nos oirá pero no nos escuchará, y nos dirá que le damos demasiadas vueltas a la cabeza y que lo único que tenemos que hacer es seguir andando.

Porque no nos resulta cómodo que otra persona venga a cambiarnos los planos, y los planes, y a decirnos que el camino que estamos trazando no es el más adecuado, que tenemos que cambiar el rumbo

Porque a menudo nos sentimos presionadas a compartir nuestro bloqueo en el momento y la forma menos adecuados.

Porque lo único que queremos es que nos digan que vamos por buen camino, recordarnos nuestros planes iniciales y ayudarnos a fijar de nuevo la vista en nuestro horizonte.

En definitiva, no es que no nos guste compartir, es que sentimos que ese momento debe estar bañado en respeto, comprensión, sensibilidad, para poder mostrar nuestra vulnerabilidad.

Motivos para compartir tus preocupaciones

Como decía al principio, puede que te plantees compartir tus problemas, pre-ocupaciones, pensamientos, sentimientos… con otra persona, porque esta te lo haya pedido.

Puede que te haya comentado en varias ocasiones que le gustaría que te abrieras más y contaras más con ella, y estás de acuerdo en que te gustaría poder compartir-te un poco más, mostrar cómo te sientes, tu confusión, tu indecisión, tu incertidumbre, tu duda, tus temores… tu Ser completo y auténtico, sin fachadas.

Entiendes que la carga de tus problemas sería menor, que te sentirías mucho más libre para sentirte, actuar y pensar como lo haces.

Las condiciones óptimas para compartir tus problemas

En un mundo ideal, en el que todos, incluyéndonos a nosotras mismas, entendemos y apreciamos nuestra forma introvertida de ser:

  • Entenderíamos que, darle muchas vueltas a la cabeza no es negativo, que sólo es una parte del proceso, y que prácticamente siempre logramos salir de ahí sin demasiada ayuda
  • Permitiríamos que haya personas que necesiten más rotondas, más tiempo y más espacio para pensar, antes de seguir avanzando
  • no nos sentiríamos tan presionadas para compartir nuestros pensamientos “cómo, cuándo, dónde y con quién” los demás decidan
  • nos sentiríamos libres para quedarnos calladas
  • nos sentiríamos seguras para compartir nuestras preocupaciones y temores
  • las personas nos escucharían sin juzgar, sin sentirse molestas, impotentes, irritables
  • los demás nos mostrarían su comprensión, reflejarían con sus palabras que comprenden cómo podemos estar sintiéndonos en ese momento
  • aquellos con quienes decidimos compartir-nos no se sentirían presionados para darnos la solución a todos nuestros problemas; comprenderían que lo que más necesitamos es volcar en un entorno seguro todo lo que nos está consumiendo por dentro

Estas son las condiciones óptimas para mí. Te invito a que crees tu propia lista, añadiendo, quitando o cambiado las que yo te he mostrado.

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Cómo encontrar (o crear) las condiciones óptimas para compartir

Una vez que has definido las condiciones óptimas para compartir-te, la idea es buscar esos momentos y personas con los que te resulte agradable compartir.

Sé que puede seguir pareciéndote difícil; a lo mejor no se te ocurre a nadie ahora mismo con quien mostrarte momentáneamente vulnerable y compartir tu situación, pero puedes dedicar unos días a hacer memoria.

apoyo emocional

Primero, piensa en relaciones familiares, de amistad, o con compañeros de estudios, trabajo o vecindario, que tengas actualmente: ¿qué momentos de complicidad recuerdas con ellas?

¿Qué condiciones cumplen cada una de tus relaciones? ¿Cuál recoge más? ¿O cuál de ellas, sin cumplirlas todas, te ofrece la más importante para ti?

Si aún así no consigues identificar una relación cálida, nutritiva y acogedora, echa mano a tu agenda. ¿Con quienes tuviste momentos como los que buscas volver a tener?

A lo mejor hay personas a las que hace mucho tiempo que no ves, o con las que no hablas, pero cuya relación fue tan sana en su momento que podrían volver a retomarla.

Y si de esta manera tampoco consigues encontrar a alguien que te proporcione un entorno óptimo para compartir tus preocupaciones, toca empezar a crear y construir esas relaciones… o instaurar condiciones óptimas en las que ya tienes.

Por ejemplo: la condición más importante para mí es que el otro no se sienta presionado a darme la solución a mis problemas.

Considero que este es el principal motivo por el que la persona a la que le cuento mis preocupaciones se siente incómoda y quiere que las dos nos quitemos el problema y todos los sentimientos negativos de encima cuanto antes.

Si yo le transmito a esa persona con la que escojo compartirme, que le cuento mis preocupaciones porque necesito sacar fuera de mí toda la confusión, pero que no espero de ella que descubra la pólvora en el tiempo que dure nuestra conversación, ambas nos sentiremos más relajadas para hablar desde lo que realmente sentimos y necesitamos expresar.

Así, yo iré preparando el terreno, antes, durante, después de la conversación, e incluso en conversaciones que tengamos otros días entre medias, para crear las condiciones óptimas para compartir-me.

Y, si la otra persona sigue sintiéndose presionada, tensa, incómoda, en nuestras conversaciones, le daré menos importancia, me afectará menos, porque comprenderé que, aunque la otra persona quiera contribuir a crear un entorno óptimo, puede haber circunstancias que yo no puedo cambiar (por ejemplo, que ella siga pensando que la mejor forma de ayudar a otra es dando consejos y aportando soluciones, aunque yo le haya dicho que no es necesario en mi caso; o que esté estresada, que su forma de “solucionar problemas” sea negarlos, etc.).

Entonces, yo podré decidir seguir creando condiciones óptimas con esa persona, o buscar otra relación en la que satisfacer mi necesidad de compartir mis preocupaciones.

Últimas recomendaciones antes de compartir-te

presion-cambiar-introvertidamentetuyaNo quería terminar el artículo sin decirte algo: me preocupa que puedas querer “obligarte” a abrirte porque la otra persona te lo pide.

Me preocupa que los motivos para compartir sean satisfacer una necesidad no resuelta de otra persona, que sientas que debes hacerlo para que la otra persona te quiera más, o no te deje.

Me preocupa que, antes de entender tu necesidad (y el beneficio) de quedarte callada y tomarte tiempo para resolver tus asuntos por tu cuenta antes de compartirlos, y antes de intentar hacérselo entender a la otra persona, te fuerces a ser y hacer algo que va en contra de tu naturaleza y de tus verdaderos deseos.

Me preocupa que, al forzarte, te puedas sentir más frustrada, más incómoda, más infeliz.

Proceso = Comprenderte > aceptarte > expresar tus necesidades > consensuar > hacer cambios

Por eso, te recomiendo que empieces por hablar con ella sobre tu necesidad de pre-ocuparte y ocuparte a solas de tus asuntos.

Hazle ver que te gustaría mucho compartirlo, y comparte con ella las condiciones que te harían abrirte de una manera mucho más fluida.

Y luego, decide (si quieres, consensuándolo con la otra persona una vez que ha entendido tus necesidades) el cómo, el cuándo y el cuánto vas a expresarte.

Como ya te he dicho en otras ocasiones, es MUY importante entender y aceptar nuestras necesidades antes de cambiarlas.

En realidad, muchas veces, simplemente con conocernos mejor a nosotras mismas, nos libramos de una gran carga (de “deberías” y “no deberías”), y nos resulta más fácil avanzar.

Compartir nuestras pre-ocupaciones, nuestros problemas y pensamientos, no es una excepción.

Me encantaría saber en los comentarios: ¿te resulta difícil compartir? ¿Cuáles son tus condiciones óptimas?

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