Varias personas me han preguntado mi opinión acerca de la aparente madurez psicológica que muestran las introvertidas.

A sus ojos, los niños introvertidos, más introspectivos, más serenos, parecen más “adultos”, y los adultos introvertidos, más maduros.

Pero, ¿es así?

¿Somos las personas introvertidas más maduras que las extrovertidas?

Madurez psicológica en los niños introvertidos

Una amiga me preguntó hace unos meses acerca de la madurez en los niños introvertidos.

Quería saber si era posible que un niño introvertido, considerado tímido y retraído por algunas personas, fuera en realidad, un niño más maduro de lo que cabe esperar para su edad.

En palabras de un lector muy apreciado, ¿podría ser lo que algunos llaman, un “alma vieja”?

Para poder responder a esta pregunta cabe hacerse la pregunta contraria: ¿pueden las almas viejas ser extrovertidas?

¿Hay personas maduras que sean extrovertidas?

La respuesta, como podrás intuir, es que sí.

Hay “almas viejas” que son introvertidas, pero también las hay extrovertidas.

Es decir, hay niños y adultos maduros tanto introvertidos como extrovertidos.

Lo que sí es cierto es que los niños introvertidos, más sensibles, empáticos, introspectivos, independientes y responsables, muestran muchos de los rasgos que se les atribuye a las personalidades más maduras.

Sin embargo, la cosa no acaba aquí.

La madurez es difícil de definir

Con el concepto de madurez pasa como con muchos otros conceptos de desarrollo personal: que cada “autor” tiene su propio punto de vista y definición.

Aunque estén hablando de lo mismo, cada persona tiene su propia idea o imagen del concepto, y pone el énfasis en unos aspectos u otros.

Sí, es cierto que todos más o menos compartimos una misma idea acerca de lo que es, por ejemplo, la felicidad.

Pero, ¿no es cierto que cada persona, en su mente, tiene una idea personal e intransferible de lo que es la felicidad para ella?

Igual pasa con la madurez.

Si buscas en internet encontrarás un montón de artículos listando las características de una persona madura.

Y aunque todas apuntan en la misma dirección, cada una lo expresa en sus palabras y con sus matices.

Así, para una persona introvertida, la madurez tendrá una esencia distinta a la madurez que persigan o valoren las personas extrovertidas.

Me atrevo a decir que, para las introvertidas, las personas impulsivas e inquietas son más bien inmaduras, mientras que para las extrovertidas, estas son personas valientes, confiadas, maduras…

Y al mismo tiempo, para las extrovertidas seguramente las personas muy analíticas y reservadas son inseguras e inmaduras, mientras que estas personas serían consideradas maduras por una introvertida…

¿Ves a lo que me refiero cuando hablo de la subjetividad y de la dificultad para definir la madurez?

Por tanto, mi recomendación es que leas varias definiciones y luego hagas tu propio perfil de una persona madura.

Es ese perfil, el tuyo propio, el que utilizarás al fin y al cabo para decidir si una persona es madura o no.

Intento de definir la madurez

Pero claro, igual no te habías planteado hasta ahora cómo es exactamente una persona madura, o quieres “comprobar” si tu idea de madurez es más o menos “acertada”.

Así que te traigo varias definiciones.

Allá vamos.

Una definición bastante completa que he encontrado en internet acerca de lo que implica la madurez es la siguiente:

“La madurez psicológica se “alcanza” cuando una persona adquiere buen juicio y prudencia, lo que implica: autonomía, conductas apropiadas a las circunstancias, ponderación y equilibrio, estabilidad, responsabilidad, cercanía afectiva, claridad en objetivos y propósitos, y dominio de sí mismo”.

Otros dicen que, “ser maduro es tener una actitud ante la vida: aceptar la naturaleza imperfecta e impermanente de las cosas”.

Para mí, un aspecto importante de la madurez psicológica es la madurez emocional, o lo que es lo mismo, la inteligencia emocional, que en palabras de Daniel Goleman consiste en la “capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”.

Pero si quieres echar un vistazo a otras definiciones de madurez, esta descripción de persona madura hecha por Ana Muñoz para about.com me parece muy completa.

Signos de inmadurez

A veces, para definir qué es algo ayuda bastante definir qué no es.

Es decir, qué aspectos no son síntoma de madurez o, en definitiva, cuáles son los síntomas de inmadurez.

En este caso, cuando pensamos en inmadurez pensamos en un comportamiento infantil.

Una persona inmadura es aquella que se comporta de la manera propia de un niño.

Los niños, y adolescentes tienen un cerebro inmaduro aún.

Es decir, este no se ha desarrollado por completo, y por tanto hay habilidades cognitivas y emocionales que aún no domina.

Por ejemplo, la planificación, la toma de decisiones o la capacidad para controlar nuestros impulsos y emociones, están controlados por la parte prefrontal del cerebro, que no se desarrolla plenamente hasta bien avanzada la veintena.

Y si no me crees, lee este interesante artículo donde un estudio psicológico por qué los expertos retrasan hasta los 27 años la edad en que los jóvenes maduran.

sintetizando, podemos decir que algunas de las características de una persona inmadura son las siguientes: inestabilidad emocional (agresividad, euforia, depresión), baja tolerancia a la frustración, rigidez o intolerancia, inseguridad, dependencia…

inmaduro

Niños y adolescentes tienen un cerebro inmaduro

¿Por qué las introvertidas maduramos antes?

Como hemos dicho, gran parte de la madurez de una persona depende de su desarrollo cerebral, especialmente de la región frontal del cerebro.

En el caso de las personas introvertidas, el lóbulo frontal del cerebro se desarrolla en mayor medida, en relación con el cerebro de las personas extrovertidas.

Al mismo tiempo, la capacidad de introspección, propia de las introvertidas nos predispone a madurar más y más rápidamente.

La introspección es “la habilidad de meterse uno dentro de sí mismo para saber cómo se siente, por qué se siente como se siente, cómo quiere sentirse, qué le impide sentirse como le gustaría sentirse, cómo quiere ser y cómo debe comportarse para sentirse, a corto y a largo plazo, como quiere sentirse” (Fernando Sarrais).

Por eso, un niño introvertido, con un desarrollo cerebral “superior” al de un niño extrovertido, con una tendencia a la introspección, educado además en un ambiente que canalice adecuadamente estas tendencias natas, será, o al menos tendrá mayor predisposición a ser más maduro que el resto de sus congéneres.

Sin embargo, el desarrollo cerebral y la tendencia a la introspección no son suficientes para asegurar que un niño, o un adulto, introvertido sea más maduro que los demás.

¿Por qué hay introvertidas inmaduras?

Pues porque, por muy desarrollado que una tenga su cerebro, y mucha tendencia a la introspección que presente, hay que aprender a utilizar y canalizar dichas habilidades.

Si un niño o un adulto introvertido no aprenden a dirigir su capacidad introspectiva hacia fines o acciones concretas y positivas, lo que es una oportunidad o un don se convierten en una traba al desarrollo psicológico sano y feliz.

Si un niño o un adulto introvertidos no utilizan su autoconciencia, su capacidad de análisis y planificación, su empatía, etc., para ayudarse a sí mismos y a los demás, sino que las utilizan para replegarse aún más en sí mismos, generando sentimientos de ansiedad, depresión, frustración, incapacidad, desbordamiento… muy difícilmente lograrán ser personas maduras.

¿Cómo pasar de la inmadurez a la madurez psicológica?

Una vez que evalúas las señales de madurez e inmadurez que hay en ti, tienes la posibilidad de desarrollar aquellos aspectos de tu personalidad aún inmaduros.

En el caso de las introvertidas, muchos de esos rasgos tienen que ver con vulnerabilidad frente a la timidez o la ansiedad.

La falta de comprensión y aceptación de tu propia introversión, que puede generar sentimientos de inferioridad, inseguridad, baja autoestima… pueden desembocar en actitudes y comportamientos inmaduros, como la dependencia emocional, una sensibilidad dañina o una excesiva susceptibilidad a la opinión de los demás, o la falta de iniciativa…

La inseguridad en una misma también puede desencadenar un estado de angustia y/o estrés desmesurados, llevándote desarrollar un exceso de análisis, una obsesión por controlar todos los aspectos (presentes y futuros) de una situación, desconfiando de las intenciones de los demás y de tu confianza para hacer frente a los acontecimientos.

Trabajando por lograr un autoconcepto ajustado, por ver tus puntos fuertes, y apreciar todas tus fortalezas, la inseguridad se va transformando en confianza, la ansiedad en serenidad, y la inmadurez reduciéndose para alcanzar una mayor madurez psicológica.

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Conocerte y aceptarte, una de las claves para madurar

Conclusiones

No me atrevo a decirte si las personas introvertidas son más maduras o no que las extrovertidas.

Lo que sí puedo decirte es que, en la definición de introversión, se encuentran muchas de las características que definen a una persona madura.

Lo mismo ocurre con la alta sensibilidad, o con el concepto de “alma vieja”.

Sin embargo, ninguno de estos conceptos es excluyente.

Es decir, ser madura no es exclusivo de las personas introvertidas, así como no lo es el ser personas altamente sensibles o almas viejas.

Por tanto, te toca a ti, nos toca a cada una de nosotras, mirarte a ti misma y a cada una de las personas que conozcas, con ojo atento y libre de pre-juicios, y valorar qué aspectos de madurez e inmadurez hay en cada una.

Y te toca a ti, por supuesto, nos toca a todas nosotras, decidir qué hacer con aquellos aspectos menos desarrollados de tu personalidad.

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