Si eres una persona introvertida, es probable que otras personas, o tú misma, te hayan planteado que tu forma de resolver tus conflictos no es la adecuada: evitas la confrontación directa, no expresas tus sentimientos o pensamientos con claridad, eres una persona evitativa, pasiva…

Pero, ¿hasta qué punto esto es cierto?

Una vez más, es muy posible que la mal-interpretación (por parte de los demás y de ti misma) de tu personalidad y/o tu forma de comportarte sea la que esté causando tus dificultades en el terreno de la resolución de conflictos.

¿Te faltan habilidades?

¿Tendrías que ser más directa, más enérgica?

¿O resulta que tu forma de actuar frente a los conflictos es adecuada, y son los demás los que tienen que aprender a reconocerlo?

¿Soy una persona pasiva o solo introvertida? La cuestión de la activación.

Hace como un año, iba paseando con mi padre por la calle, cuando nos cruzamos con un primo de mi madre (“mi primo” de aquí en adelante).

Yo iba ensimismada en una conversación con mi padre, y reparé en que mi primo pasaba por delante de nosotros, y mi padre y él se saludaban, pero yo no hice ningún gesto ni sonido como señal de saludo.

Al cabo de unas semanas, el hermano de mi primo me dijo que se había molestado un poco por mi falta de reacción. Pensó que yo no había querido saludarle porque estaba molesta con él.

Afortunadamente ya había comenzado a leer sobre la introversión, y caí en la cuenta de que esto es algo que me suele pasar: no saludar o responder en determinadas situaciones que requieren de mí que diga o haga algo.

Rápidamente me di cuenta de la razón: la activación que supone para mi cuerpo responder en ese momento es demasiado incómoda, y por eso me quedo quieta y callada.

No es que sea una borde o antisocial, y por eso no salude a mi primo.

O tengo poca energía para responder rápidamente, o tengo demasiada energía y no quiero estresarme más.

En ese caso, yo estaba “relajada” hablando con mi padre, y estar así me permitía reducir todos los estímulos que recibes cuando vas por la calle (las personas que ves y oyes, las luces de la calle, los ruidos de los coches, olores…).

Yo estaba “segura” en mi mundo, y haberle dicho a mi cuerpo “actívate y responde”, me hubiera hecho sentir mal físicamente, estresada.

Lo mismo me pasa en otras situaciones en las que sucede algo que no me gusta.

Una persona asertiva expresaría de manera directa su desagrado (o eso es lo que nos han hecho creer), pero yo elijo quedarme callada.

¿Soy una persona pasiva por eso? ¿Estoy evitando el conflicto?

No.

Lo que estoy evitando es una activación, una incomodidad fisiológica y física REAL, que es innecesaria para mí en ese momento, porque me apetece disfrutar del resto de la velada.

La relatividad de la asertividad

En mi opinión, hubo una época en la que se difundió una idea equivocada sobre la asertividad (o yo la entendí mal).

Verás, la idea que a mí se me quedó en la cabeza es que, para ser una persona asertiva, tienes que aprender a decir todo lo que piensas y sientes de manera educada, sí, pero firme y directa.

Solo así demostrabas tener seguridad en ti misma.

Es decir, la cuestión es que “no ser asertiva = falta de autoestima”.

Si una persona no se comporta de la manera que se ha dicho que se comporta una persona asertiva, terminará creyendo que le falta autoestima, y es esta creencia la que le hará perder la confianza en sí misma y en sus habilidades sociales.

Y el mayor problema es que esté mal hecha la relación entre asertividad y autoestima.

El problema es que se define “ser asertiva” con base en una serie de comportamientos EXTERNOS rígidos y limitados que no tienen en cuenta la motivación de la persona para actuar como lo hace.

Por ejemplo, una persona que se expresa de manera directa puede que no esté siendo asertiva, sino que actúe de manera egoísta, buscando manipular.

Y lo contrario, puede que una persona que no se expresa, que permanece callada, no esté actuando de manera pasiva, sino que esté demostrando que tiene la suficiente confianza en sí misma como para no necesitar decir lo que piensa porque cree que la otra persona no quiere escucharlo o porque, sencillamente, en ese momento no le apetece expresarse.

Solo tú.

Solo tú puedes saber los motivos por los que actúas de la manera en la que lo haces.

Porque “desde fuera”, una persona va a tener muy difícil decir si tú estás siendo asertiva o no.

¿Ella sabe si sientes confianza en ti misma o no?

¿Ella sabe si realmente no tienes ganas de expresar tu punto de vista o si te apetecería hacerlo pero te quedas callada por miedo a lo que pensará o dirá el otro?

¿Ella sabe cuál es tu nivel de energía en ese momento, y si estás escogiendo no responder porque estás muy cansada para continuar la conversación después de dar tu opinión?

Y, en cualquier caso: que en una situación concreta actúes de una manera más reservada, no significa que no seas una persona asertiva.

Quizás tú tienes otra forma de expresar y resolver tus conflictos…

Resolver los conflictos por escrito… y otras etapas (o formas) de asertividad

Te voy a contar otra anécdota que me pasó hace poco más de un mes.

Estaba conversando con una persona, y hubo varias cosas que no me gustaron en su forma de dirigirse hacia mí.

En ese momento pensé: “Irtha, antes de irte de aquí, dile lo que has pensado y sentido, dile que no has estado cómoda en varios momentos y que te has sentido decepcionada, confusa, frustrada…”.

Pero finalmente me fui de allí sin decir nada.

Me justifiqué diciéndome que no era el momento, que la otra persona tenía prisa y no tenía sentido sacar el tema si no iba a poder hablarlo con tranquilidad.

Así que me marché con cierta culpa, pero no tanta como hace unos años.

Antes me habría ido diciéndome “Irtha, eres una estúpida, siempre igual, mira que eres tímida, que eres pasiva, que eres débil, cobarde, que te falta sangre, que te falta confianza…”.

Ahora, simplemente, entendí que mi mente introvertida prefería tratar ese tema en otro momento y de otra forma, más relajada, más distendida.

Pero la cosa es que estaba realmente incómoda con la situación. Así que decidí escribirle un email (muy largo) expresándole mis impresiones durante ese encuentro.

Recibí una respuesta muy escueta por su parte diciéndome que estas cosas se hablan en persona, no por email.

Evidentemente, sentí “ramalazos” de culpa por no haber tenido el “valor” (o la energía) de haberme expresado en persona en ese momento, o de hablarlo cara a cara en nuestro próximo encuentro.

Pero lo que más predominó en mí fue la sensación de: “yo hice lo que necesitaba y me sentía capacitada de hacer en ese momento, así que no tengo por qué sentirme culpable”.

Sí, ¿podría ser capaz de hablar abiertamente de mis conflictos en persona? Es probable.

¿Que estoy intentando ir en esa dirección? Es evidente (al menos para mí).

Pero si en ese camino desde donde estoy ahora (o estaba antes, que era callarme completamente mis enfados, frustraciones y decepciones) hasta ese punto de hablar con naturalidad de mis emociones negativas con la otra persona a la cara, hay muchos otros pasos totalmente válidos.

Además, las personas introvertidas nos expresamos infinitamente mejor por escrito.

Y eso no tiene por qué ser una excusa o justificación.

En realidad, yo considero que mi email fue “precioso”.

Si lo lees, es de una profundidad y una “consciencia” que yo considero muy valiosas.

No todos son capaces de expresar, ya sea oralmente o por escrito, sus pensamientos con tanta claridad.

No todos tienen la suficiente capacidad introspectiva e inteligencia emocional como para entender y reconocer todo lo que pensaron y sintieron ante una determinada situación.

Si pretendemos que todas las personas sean asertivas de una manera (entiéndase: expresando su opinión de manera verbal directa, en todas las situaciones, en el momento en el que ocurre el conflicto) es muy difícil que sintamos que somos personas asertivas.

Con ese criterio o punto de referencia, todas las que no actuemos así, estaremos siendo pasivas o agresivas.

Pero, ¿qué pasa si hay otras formas y momentos de expresar tus sentimientos y resolver tus conflictos?

¿Y si resulta que puedo expresarme por escrito, sin obligación de hacerlo siempre cara a cara?

¿Y si resulta que tengo tiempo para digerir lo que pienso y siento, antes de hablarlo o escribírselo a la otra persona?

¿Puedo permitirme esperar a estar en otro momento más relajada, más concentrada, con más energía para afrontar la conversación?

…para afrontar la nueva ola de sentimientos (propios y ajenos) que, casi indudablemente, va a surgir y voy a experimentar cuando le exprese mi opinión a la otra persona.

¿Puedo permitirme elegir cuándo y cómo resolver mis conflictos?

Por supuesto que sí.

Define tu propia forma de resolver tus conflictos, de expresar tu opinión.

Si eres una persona introvertida y te cuesta hablarlo a la cara, no te fuerces.

Comienza expresándote de la manera que te resulte más cómoda y natural.

No dejes que los demás te digan cómo tienes que hacerlo, o que lo estás haciendo mal.

No estás resolviendo mal. Lo estás haciendo a tu manera.

Consejos de resolución de conflictos para introvertidas

Resumiendo, te voy a poner algunas ideas para sentirte más cómoda a la hora de resolver tus conflictos:

  • Compárate contigo misma y valora tus avances: observa cómo resolvías tus conflictos antes, como lo haces ahora y cómo lo quieres hacer en el futuro
  • Toma como ejemplo de resolución sana de conflictos a otras introvertidas, no a extrovertidas
  • Resuelve tus conflictos a tu ritmo y en el momento más adecuado en función de tu energía
  • Permítete resolver tus conflictos por escrito

No siempre el objetivo es llegar a comunicarte de manera abierta y directa, pero si te permites expresar tus molestias con la otra persona de manera introvertida, irás ganando en confianza, energía y motivación para ir expresándote de otra forma.

Conclusiones

A menudo, las introvertidas nos sentimos presionadas para no ser como somos y ser de otra manera.

Como por ejemplo, por no resolver nuestros conflictos con más energía, como “se supone que deberíamos” hacer.

Pero tampoco nos “sale” hacerlo de otra manera.

Así que quedamos en un limbo paralizante, insatisfactorio y desagradable del que no conseguimos salir.

Empezar a aceptar tu forma introvertida de resolver tus conflictos en lugar de intentar resolverlos “a la manera extrovertida” te puede dar mucha confianza y satisfacción.

Verás como poco a poco sentirás que tienes muchas más habilidades de las que creías para resolver tus conflictos.

Simplemente tienes que aprender a conocerte, escuchar a tu cuerpo, gestionar tu energía y potenciar tus fortalezas.

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