Aunque no lo creas, las personas solemos tomar muchas decisiones basándonos únicamente en el rostro de las personas.

Decidimos si confiamos en ellas o no, si las votamos, si compramos en su local, si las contratamos, si nos animamos a conocerlas o salir con ellas, etc., solo mirándolas a la cara.

A veces, incluso a partir una foto, ni siquiera en persona.

Y eso es un peligro. Especialmente para las introvertidas, que solemos salir perdiendo en este juego.

Y yo me pregunto: ¿hasta qué punto puedo fiarme de mis “sensaciones” al ver a otra persona?

¿Hay algo que pueda hacer para superar los peligros de juzgar al otro a partir de su rostro?

Christopher Olivola y su lucha contra la morfopsicología

Chris OlivolaEste artículo que he escrito hoy en parte la traducción de las investigaciones del doctor Christopher Olivola, tal y como las recoge James Hamblin, editor en “The Atlantic”, en su artículo The Introverted Face… Y, en parte, mis reflexiones y conclusiones al respecto.

La morfopsicología es la ciencia que estudia la relación entre los rasgos faciales y las características de personalidad.

Así, una persona con un rostro ancho, rellenito, ojos redondos y labios carnoso, por ejemplo, “hace creer” que tiene una personalidad más dulce, pacífica y que es más confiable que una persona con un rostro más anguloso y huesudo, unos labios más finos y unos ojos pequeños.

Y parece ser que habido un auge reciente en la investigación acerca de cómo la gente atribuye características sociales a los demás basándose en la apariencia de su cara –independientemente de atributos como la edad, el género, la raza o la etnia- (o al menos, lo más independientemente posible).

Estas investigaciones afirman que las personas somos en general bastante buenas prediciendo quién es, por ejemplo, confiable, competente, introvertido o extravertido, basándonos solo en su estructura facial.

Pero, como es de esperar, no es tan simple.

Christopher Olivola, profesor adjunto en la Universidad Carnegie Mellon, ataca la morfopsicología en la revista “Tendencias en Ciencia Cognitiva”.

A la luz de muchos artículos recientes promocionando las habilidades de juicio de las personas, Olivola, junto a Friederike Funk y Alexander Todorov, de la Universidad de Princeton, opinan que “en lugar de aplaudir nuestra habilidad para hacer inferencias sobre características sociales a partir de apariencias faciales, el foco debería estar puesto en los peligros”.

El peligro de las atribuciones sociales basadas en rasgos faciales

rostros“Cuando vemos la cara de alguien, podemos hacer muchos juicios útiles”, dice Olivola, “como acerca de la edad, el estado emocional, el género, etcétera. Para esto, la cara es bastante útil. Pero hay mucha literatura que muestra que no nos detenemos ahí”.

Alterando o seleccionando sistemáticamente el rostro de los participantes que se presenta a los participantes, los investigadores han podido examinar cómo las variaciones en el rostro sesgan las decisiones humanas.

La investigación de Olivola ha mostrado que estas atribuciones faciales que hacemos las personas tiene serias implicaciones en cómo la gente es tratada, sus resultados en la vida.

La peor parte de estas inferencias está en el gran peso que tienen en las decisiones críticas, en lugar de los hechos reales.

El principal problema es que la gente cree que tiene esta capacidad, e ignora otra información relevante, dice Olivola.

La política es un gran ejemplo. Su investigación ha demostrado que los políticos con una estructura facial que les hace parecer competentes, tienen más probabilidad de ganar las elecciones.

Pero ese sentido de competencia en el rostro no significa nada. “No podemos hacer una afirmación en base a eso”, dice. “¿Qué medida objetiva de competencia existe?”.

En el caso de los directores ejecutivos, si tenemos en cuenta cómo iba la empresa antes de contratarlos frente a la situación después de hacerlo, no hay una relación real entre su “competencia facial” y el posterior éxito de la empresa.

“La gente está convencida de que los empresarios de apariencia más competente son más valiosos y consiguen mejores sueldos”, explicó Olivola, incluso aunque las compañías no mejoren su rendimiento bajo su liderazgo.

“No hay exactitud en la predicción, más bien hay un sesgo”.

Las atribuciones faciales en la introversión

En esta parte es donde te hablo de las interpretaciones que solemos hacer de la cara de las introvertidas.

Bueno, ya hemos visto que no es posible distinguir quién es introvertida y quién no, solo fijándonos en su cara.

Así que ese es un primer paso. Que una persona tenga “cierta cara” (habitualmente, neutra tirando a triste), no quiere decir que la persona sea introvertida (y tampoco tímida).

Pero lo peor de todo, en el caso de las introvertidas, es que se nos atribuyen muchas más cualidades (y muchas de ellas negativas), por nuestra cara “bonita”.

Si te fijas en las imágenes que aparecen en el artículo de The Atlantic, la cara que las personas asocian (y asociamos) habitualmente a la introversión es muy similar a la que le asignamos a las personas “poco confiables” y a las “poco competentes”.

rasgos faciales introversion

rasgos faciales confianza

rasgos faciales competencia

(“Tendencias en Ciencias Cognitivas”, Olivola et al./The Atlantic)

Esto quiere decir que nos resulta muy fácil atribuir estos rasgos de incompetencia y desconfianza a personas con un rostro “introvertido”.

Las personas con expresiones faciales más bien neutras, en contraposición a rostros más expresivos y alegres, son evaluadas más negativamente que las extravertidas.

La solución de Olivola al sesgo facial

Para el caso de la influencia del sesgo facial en el voto, Olivola sugiere dos soluciones: asegurarse de que las personas no ven a los candidatos (una idea genial pero obviamente poco probable), o asegurarse de que las personas están educadas –que conocen bien a los candidatos-.

En el caso de las personas introvertidas, es importante también, educar a la sociedad.

Educarlas para que no piensen que un rostro impasible es sinónimo de incompetencia.

Para que no descarten a personas introvertidas por pensar que son poco competentes solo por mirarlas a la cara.

Que vayamos más allá de las apariencias y dediquemos tiempo y energía a conocer verdaderamente al otro, en su unicidad.

Porque, aunque sea posible que las introvertidas compartamos un rostro poco expresivo (ya hemos hablado de las emociones positivas de baja intensidad), eso no tiene nada que ver con nuestro nivel de competencia o el grado de confianza que se puede tener en nosotras.

Mi opinión sobre el sesgo facial

Tengo que confesarte que estas investigaciones de Christopher Olivola echando por tierra los estudios de la morfopsicología me han molestado un poco.

Al fin y al cabo yo soy una introvertida intuitiva, y suelo guiarme mucho por mis intuiciones y sensaciones, pero tengo que reconocer que a veces eso no es suficiente.

No sé hasta qué punto puedo fiarme de mi intuición en estos asuntos. Ahora me doy cuenta de que es posible que no sean acertadas.

Creo que a raíz de este artículo:

1) prestaré más atención a mis atribuciones cuando vea a alguien: validaré (respetaré) mis impresiones y sensaciones, pero no me quedaré ahí

2) decidiré ir más allá de las apariencias y conocer “verdaderamente” a la persona (o asumiré que no quiero conocerla más, dejándome llevar por el sesgo)

3) intentaré dejar mis atribuciones a un lado, ir con la mente en blanco, sin buscar confirmar mis interpretaciones

Ahora que lo pienso, creo que este sesgo solo puede aplicarse a “fotos”, o a personas que has visto pero con las que no has hablado.

Cuando conoces a otra persona “en persona”, valga la redundancia, ahí ya estás recibiendo más información y datos en los que basar tu decisión (de conocer o relacionarte más con esa persona, o no), que únicamente su rostro.

Está el lenguaje verbal y el no verbal, lo que dice, de lo que habla, y cómo lo dice.

Aunque, una vez más, es difícil (o arriesgado) juzgar a una persona por lo que hace en una única situación.

Conclusiones

La atribución social basada en rasgos faciales es, según el doctor Christopher Olivola, más un peligro que una habilidad.

Hay que tomar consciencia de cómo nuestras decisiones están influidas por opiniones poco fundamentadas sobre las otras personas.

Decidir si confiamos o no en alguien, si será competente, si será divertido o retraído, etc., únicamente tras verle la cara, es arriesgado.

Es importante obtener más datos para tomar decisiones más fiables.

Así que te invito, junto a Olivola, a dar un paso más y hablar con esa persona que tu intuición o tu cerebro ha clasificado como introvertida, poco competente y poco confiable, y que averigües si tus hipótesis son ciertas.

Porque si no lo haces, puede que te apresures a confiar en quien no deberías, y que dejes de confiar en alguien que podría ser un gran amigo o compañero.

O que dejes de contratar a alguien por creerlo incompetente, o que juzgues a un inocente por la expresión de su cara, y creas a alguien que no lo es.

rostro

Es evidente que supondrá un esfuerzo. Necesitarás invertir más energía, energía que tu cerebro te está ahorrando por medio de este sesgo.

Tú decides hasta qué punto, en qué momento y cantidad, invertir más energía o no.

Sabes que, como introvertida, para poder invertir más energía en tus relaciones sociales, tienes que asegurarte de que tienes la necesaria para no acabar agotada.

Me gustaría saber en los comentarios: ¿conocías este sesgo? ¿Qué opinas? ¿Crees que realmente tenemos esa capacidad para conocer a los demás por su cara? ¿O eres de la opinión de Olivola?

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