Sí, entiendo por qué surgió el término y por qué se puso tan de moda escribir sobre el tema.

Sé que algunas personas necesitaban aprender a “protegerse”, a cuidar de sí mismas, saliendo de una relación o tomando distancia de una persona con la que no se sentía bien.

Pero creo que, en algunos casos, esta información se enfocó mal, muy mal. Y aunque hemos ganado algunas cosas, emplear esta expresión de manera inadecuada también nos ha hecho perder mucho.

Y ni siquiera somos conscientes de ello.

Si tú también intuyes que lo “tóxico” es la expresión en sí y no la persona, sigue leyendo y comparte. Ayudemos a disolver la creencia de que existen las personas tóxicas (porque sólo existen personas).

A diluir los pensamientos y emociones tan negativas que pueden surgir, tanto en quien utiliza esta expresión para referirse a otros, como quien la usa para describirse a sí misma.

Lo que se dice de una persona tóxica

Por si no sabes de qué estoy hablando y a qué viene este enfoque reivindicativo del artículo de hoy, he recogido las principales características que enumeran los artículos sobre personas tóxicas:

  • Tienen un discurso pesimista y negativo
  • Consideran que siempre tienen (y van a tener) la razón y no aceptan que se les contradiga; son inflexibles
  • Sólo hablan de sí mismas y no se interesan por los problemas o necesidades ajenas
  • Necesitan constantemente la aprobación de los demás, sentirse importantes, ser reconocidas
  • Desvalorizan a la otra persona
  • Guardan rencor y resentimiento durante mucho tiempo
  • Son agresivas
  • Viven de la lástima ajena, buscando ayuda constantemente y aprovechándose de los demás
  • Son “habladores negativos” no “hacedoras”: en vez de hacer las cosas, hablan de porqué no se pueden hacer
  • Se quejan de todo
  • Critican a los demás y fomentan los rumores
  • Son arrogantes: creen que lo saben todo y que nadie sabe más o mejor que ellos lo que hay que hacer
  • Se hacen las víctimas: nada es responsabilidad de ellos, los demás o la “suerte”, tienen la culpa
  • Envidiosos: nunca son agradecidos con lo que tienen y cuando alguien consigue algo, los critican y los envidian
  • Mienten con frecuencia y sin remordimientos
  • Son pasivas, no muestran iniciativa y suelen hacer lo que el grupo dice o hace
  • Buscan constantemente ser el centro de atención
  • Creen que el mundo está en su contra, pero no analizan qué es lo que pueden estar haciendo mal en su comportamiento.

Sin embargo, lo que más sorprendió al leer muchas de estas listas, y lo que me dejó de piedra al leer una de ellas en concreto, fue esta rotunda afirmación:

La principal característica de las personas tóxicas es que provocan emociones negativas. Te hacen sentir vergüenza, culpa, enfado, incomodidad, apuro, etc.

¿Dónde estamos poniendo el foco?

¿De verdad? ¿Las personas tóxicas PROVOCAN emociones negativas?

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¿Acaso tienen una varita mágica con la que te abren el cerebro (¿o será el corazón?) y te meten ahí una emoción negativa?

Estoy exagerando un poco, ¿vale? Pero es para darnos cuenta de que este tipo de artículos, o al menos es lo que he sentido yo al leer muchos de ellos, transmiten una creencia muy perjudicial: “los demás (las circunstancias externas) deciden cómo nos sentimos”.

“Yo me siento mal, porque la otra persona es así”, o “porque me trató de esta manera, o de la otra”… “Como la otra persona es pesimista, yo me siento mal”.

Sé que el comportamiento de la otra persona influye en mis emociones… Pero no de esa manera tan externa a una misma, tan incontrolable: persona tóxica = sentirme mal >> tengo que alejarme de ella.

Seguro que conoces no pocos ejemplos en los que una persona le cae bien a alguien y mal a una tercera persona. La misma persona: a unos les cae bien y a otros mal.

¿Cómo es que unos “la aguantan” y otros no? Entonces, ¿es tóxica o no? ¿Qué pasa con su “toxicidad”?

Pasa que el organismo de la persona con la que se ha encontrado ese “individuo tóxico” ha sabido digerirlo, asimilarlo.

Es lo que pasa con los frutos secos: no son tóxicos, pero hay personas alérgicas a ellos. Su organismo no los asimila bien y produce una reacción alérgica. La culpa no la tiene (únicamente) el cacahuete.

Eso es lo que quiero destacar: las emociones en una relación dependen de la combinación de dos personas, con sus actitudes, estados emocionales, creencias, expectativas, necesidades, valores, experiencias, aprendizajes, habilidades emocionales… propias.

Lo bueno y lo malo de este término

>> LO BUENO

Como te dije antes, no voy a negar que en el origen hubiera (y siga habiendo en algunas personas) una intención positiva en el uso del término.

Es positivo que hayamos empezado a creer, y sentir, que tenemos derecho a alejarnos de ciertas personas o relaciones que nos agotan mental y emocionalmente.

Tenemos derecho a decir que no.

Podemos decidir distanciarnos de una persona que nos demanda una cantidad elevada de atención, que nos supone invertir más energía de la que disponemos, sin tener que sentirnos culpables.

No voy a seguir hablando de la parte positiva. Para eso te invito a leer los muchos artículos que puedes leer en la web sobre personas o relaciones tóxicas.

Y hay artículos cuyos autores me agradan mucho por el tono respetuoso con el que exponen la situación y sus recomendaciones para recuperarnos de ellas.

>> LO MALO

Como mencioné en el apartado anterior, un gran daño que sufrimos todos al utilizar esta expresión es la sensación de pérdida de control sobre nuestras emociones.

Pero hay muchas otras pérdidas: la de nuestra capacidad de respeto, de empatía, de tolerancia a la frustración, de crecimiento personal…

La “normalización” de este término nos ha vuelto menos comprensivas y respetuosas con las necesidades y circunstancias personales de los demás.

Ya no vemos personas que están viviendo, transitando su proceso único y personal de vida.

No nos vemos como personas que estamos viviendo un proceso personal de crecimiento, que a veces sufrimos y no tenemos energía para responder a las demandas del entorno…

rechazo

No.

Vemos personas “que NO DEBERÍAN SER como son porque yo no tengo por qué aguantar esto”.

Personas que me molestan, que me incomodan. Que deberían cambiar para yo sentirme bien.

Creo el hecho de que poder decir que la otra persona es tóxica nos ha llevado a reducir la energía que invertimos en entenderlas, ayudarlas o estar a su lado.

Y a reducir la energía que invertimos en mirarnos a nosotras mismas y reconocer que hay ciertas cosas que aún no tenemos trabajadas, que nos remueven y nos duelen.

Y dentro lo malo está, por supuesto, el dolor que puede sentir una persona que es consciente de su situación, que está trabajando intensamente para transformarla, y que ve cómo los demás se alejan cada vez más de ella porque la consideran una “persona tóxica”.

Las introvertidas encajamos muy bien en el perfil de tóxicas

Si te hablo de este tema aquí, en mi blog, es porque conozco bien la sensación de sentirme una persona tóxica debido a mi introversión.

Si atendemos a la idea que la sociedad en general tiene de las personas introvertidas, no es de extrañar que se nos tache de personas tóxicas: son negativas, pesimistas, hablan pero no suelen actuar, son inseguras, generan mal rollo, te hacen sentir mal, te cansan…

No son pocas las personas que confunden nuestra capacidad analítica y para anticipar problemas y soluciones con un molesto pesimismo y tendencia a la neurosis.


Cómo cambiarían las cosas si no existiera esta etiqueta

Hay etiquetas que nos ayudan a comprender quiénes y cómo somos, a vernos de manera más positiva…

Pero, sinceramente, la de persona tóxica me parece realmente tóxica.

Creo que no hace ningún bien agrupar bajo un mismo paraguas un montón de situaciones personales distintas (algunas más conscientes y voluntarias que otras, más involuntarias o incluso dolorosas para la persona que intenta cambiarlas), y ponerle una etiqueta tan peyorativa como “tóxica”.

Creo sinceramente que el mundo y todas las personas que vivimos en él seríamos más felices si esta etiqueta no existiera.

Que nos convertiría en personas menos violentas con nosotras mismas y con los demás.

Y aprovecho para invitarte a investigar acerca de la “Comunicación No Violenta”, concepto promovido por el Dr. Marshall Rosenberg.

No hace falta que exista este término para ayudar a las personas a cuidarse a sí mismas. Para reconocer cuándo conviene tomar distancia (física o emocional) de otra.

No hay usar estas palabras para enseñar a alguien a expresar y respetar sus necesidades, a fortalecerse, a emplear diferentes herramientas personales para afrontar una situación incómoda con otra persona.

relacion-dolorosaNo es necesario que utilicemos esta expresión para quitarnos de encima los sentimientos desagradables que surgen en nosotras cuando estamos en presencia de ciertas personas.

Y no, no es para nada útil pensar en nosotras mismas como personas tóxicas. No nos ayuda en nada a relacionarnos mejor con otras personas. Más bien al contrario.

Obligarnos a cambiar porque otras personas se sienten incómodas en nuestra presencia no es el mejor agente de cambio. Puede motivarnos, darnos cierto empuje, pero con esto solo no vamos a ninguna parte.

Y puede hacernos mucho daño. Puede hacernos fracasar y creer que realmente no tenemos remedio.

¿Qué palabras utilizamos entonces?

Te recomiendo utilizar un lenguaje en primera persona. un lenguaje sincero y salido del corazón.

Un lenguaje que refleje tanto tu parte de responsabilidad para con tu estado emocional actual, como la parte del otro.

Expresa en palabras la incompatibilidad que hay o ha habido entre TUS expectativas-creencias-necesidades, y cómo la otra persona ha contribuido (o no) a satisfacerlas.

Para ello te recomiendo, como te dije antes, el libro de Marshall Rosenberg.

Y si tú eres la “persona tóxica” te invito a evitar describirte con etiquetas (yo SOY…) y describe tu comportamiento (en este momento actué…).

Y busca las necesidades que estaban detrás de tus actos: ¿qué necesidades buscabas cubrir que te llevaron a actuar como lo hiciste?

En este sentido, te recomiendo este artículo de María Mikhailova en el que habla sobre las necesidades primarias y la importancia de conocer cuáles son las que guían tu vida y tus decisiones.


A modo de conclusión

relacion-amorosaNo digo que haya que permanecer en situaciones y relaciones demandantes por gusto.

Considero que sano y natural cuidarnos a nivel emocional y distanciarnos de ciertas situaciones si lo consideramos necesario.

No te estoy diciendo que dejes de hacerlo.

Lo que te pido es que analices en base a qué creencias, y con qué energía y actitud, lo haces.

Porque es posible que estés haciéndolo desde el rechazo, el resentimiento, la rigidez… y no desde el amor a ti misma y al otro.

Así que, por favor, sabiendo el impacto que las palabras que usamos tienen en nuestros actos y nuestras emociones, te invito a replantearte el uso de esta expresión y busques formas más amorosas de expresar tus sentimientos y necesidades.

Ahora sí, me muero por saber tu opinión sobre el tema. ¿Crees que exagero (es posible)? ¿Crees que toda esta verborrea ha sido innecesaria? ¿O tú también consideras que es necesario olvidar que alguna vez existió algo parecido a una “persona tóxica”?

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