Hoy voy a escribir un artículo que puede resultarte algo denso.

Y no porque tenga mucho contenido teórico o académico, con términos difíciles de entender.

No.

Lo que pasa es que hoy voy a arriesgarme a escribirte sin maquillar lo que escriba, sin un orden, sin una estructura clara… (y, por si te interesa, sin hacerle ni puñetero caso al SEO).

Y es arriesgado. Porque eso puede hacer que te pierdas. O que no te conectes con lo que diga…

Así que voy a empezar por el final. Te voy a contar la conclusión y luego tú decides si seguir leyendo y hasta dónde.

La conclusión es: “aunque tenga muchos beneficios, la meditación no es la solución en todos los casos”.

Y quiero que me entiendas: no digo que esa sea la verdad. Es mi verdad. Así es como yo lo veo, como yo lo pienso, y como te lo voy a contar.

Quizás sea así como lo ves tú en parte, y te ayude a tomar algunas decisiones, bien sea animarte a meditar con la persona adecuada, o confirmarte que meditar no es para ti en este momento.

Primero: una confesión

Te voy a confesar una cosa. Algo que “se supone” que “no debería” hacer.

Me siento deprimida. Iba a decir que “voy camino de una mini-depresión”, porque quiero ser sincera, pero tampoco quiero dejar mi imagen por los suelos…

Pero, ¿sabes qué? Creo que necesito ser totalmente honesta, conmigo misma, contigo.

Fuera apariencias. Fuera negar lo que siento, cómo me siento.

Fuera aparentar que no me preocupa la situación económica familiar. Que no me siento responsable.

Que no me siento culpable por no moverme más y aceptar un trabajo cualquiera, aunque eso suponga engañar a otros o a mí misma…

Que no me siento una psicóloga incompetente por dejar que me afecten tanto las frustraciones diarias, por faltarme confianza en mí misma, por no ser más despreocupada…

No me paso el día echada en la cama o en el sofá. A ojos de los demás, estoy bien y “funciono”.

Pero la verdad es que hay muchas cosas en este momento de mi vida que no me encajan, que no están o son como me gustaría que fueran, y que me afectan…

Y me siento desbordada, y bloqueada. Sigo actuando por inercia.

Y sé que es absurdo que diga esto cuando me planteo seguir escribiendo artículos en los que ayude a otras chicas introvertidas a sentirse mejor consigo mismas.

Quizás estoy tirando piedras sobre mi propio tejado…

Pero siento que es el momento de contártelo. Porque seguir fingiendo me está quitando mucha energía. Y, paradójicamente, es posible que reconociendo mi situación pueda ayudarte mucho más

Y si pierdo lectoras por el camino, espero que lleguen a alguien que las sepa ayudar mejor. De corazón.

Y si te quedas, espero que lo que siga contándote mientras me recupero a mí misma siga siéndote de valor, de utilidad para amarte cada día un poco más y mejor a ti misma.

¿Meditación o terapia?

El caso es que, aunque la meditación sea una herramienta que puede ayudarme a afrontar mejor las pequeñas frustraciones y decepciones del día a día, considero que no puede ayudarme a mí en este momento.

Creo que meditar no es suficiente.

Te voy a confesar otra cosa.

Hace casi dos años, una persona cercana empezó a sufrir ansiedad. Ataques de ansiedad.

Como buena psicóloga y sintiéndome tan unida a esa persona, saqué de la biblioteca pública varios libros sobre “Mindfulness (o meditación de la atención plena) para superar la ansiedad”.

Cuando leí el libro me pareció una solución perfecta: sin medicación, basándose en una perspectiva positiva del problema, viéndolo como una oportunidad para cultivar tu atención al presente, sin juzgar, sin etiquetarlo negativamente, aprendiendo a tomar distancia, recuperando tú el control que le habías dado a tu mente para “trastornarte”…

No funcionó.

Esa persona acudió a consulta con otro psicólogo que le ayudó con algo de medicación al principio y terapia cognitivo-conductual, donde aprendió a reconocer y transformar los mensajes que se decía a sí mismo en los momentos en los que sufría la ansiedad; además, incorporó otros hábitos y rutinas positivas que le ayudaron a sentirse útil y que podía “controlarse” a sí mismo, sus pensamientos y emociones.

No digo que la meditación no lo hubiera ayudado. Pero esa experiencia me ayudó a ver que no siempre la opción más sana y natural es la más efectiva.

Yo me empeñaba por ese entonces en acudir solo a remedios naturales.

Y de esa forma me cerraba a mí, y a los demás, a oportunidades que, aunque fueran menos deseables a primera vista, podían ser más efectivas para esa persona en ese momento de su vida.

Y no está mal reconocer que, aunque tiendas a escoger lo más “orgánico” y natural, hay ocasiones en las que querrás escoger otra opción. Y eso no te convierte en una mala persona.

Lo que quiero decir es que, aunque la meditación sea una práctica a todas luces recomendable, en ocasiones la persona necesita otras herramientas.

Tampoco te digo que lo que necesites sea medicación.

Yo no me encuentro bien y aunque no voy a intentar mejorar con meditación, tampoco voy a medicarme.

Pero sí que voy a acudir a una profesional de la psicología que me de algunas herramientas más (a nivel de pensamientos o de emprender ciertas acciones) para afrontar todo lo que no estoy sabiendo afrontar ahora mismo yo sola.

Si vas a meditar, hazlo bien

Por eso, yo te recomiendo que valores bien: si te sientes mal, desanimada, con ansiedad… plantéate si lo que más te puede ayudar en este momento es aprender a meditar, o si necesitas adquirir otras herramientas para transformar tus pensamientos, ganar en confianza y amor propio, etc.

Si decides meditar, hazlo con conocimiento de causa. Valora bien lo que necesitas y si la meditación te lo puede aportar.

Si crees que te puede ayudar, y meditas porque tú lo has decidido, no porque otros te lo recomiendan, te sentirás más preparada para perseverar y superar los obstáculos.

Pero si empiezas a meditar sin la motivación adecuada, puede ser incluso peor.

Si empiezas a meditar sin estar convencida, cuando surjan los primeros obstáculos te desanimarás muy rápido.

Y lo que es peor, puedes reforzar aún más la sensación de que eres débil e incapaz de aplicar el esfuerzo necesario a desarrollar un hábito beneficioso para ti.

Incluso puede que te digas a ti misma que estás peor de lo que creías, y que nada puede ayudarte, porque intentaste hacer algo que supuestamente te iba a ayudar y no viste ninguna mejora.

O puede que “te rebeles” y mandes la meditación al carajo, cuando realmente es algo que te podría venir muy bien.

Pero en otro momento quizás, más adelante…

En definitiva, te recomiendo que, si vas a meditar, que dediques algo de tiempo a pensar en por qué lo haces.

Y luego, que dediques algo de tiempo a leer sobre la persona que te va a “enseñar” a meditar.

No tiene por qué ser psicóloga/o.

Pero sí que buscaría la manera de averiguar si esa persona va a ser capaz, si de repente se remueven muchas cosas dentro de ti y necesitas que sea un apoyo, de comprender lo que se ha removido y ayudarte a recolocarlo.

Porque no basta alguien que sepa que meditar es difícil porque la mente se distrae, o es difícil cambiar tu rutina…

Creo que es una herramienta que puede sacar tantas cosas de ti, confrontarte tantos miedos e inseguridades, que hace falta ir más allá de la técnica.

Mi recomendación: Meditación53 con SlowLou

logo-slowlouUna de esas profesionales de la meditación que yo te recomiendo, especialmente a ti, amiga introvertida, es Lou.

Ella es introvertida, lleva años meditando y ahora está formándose en psicología budista.

Yo la escogí como mentora durante 3 meses y en todo ese tiempo sentí que ella, como introvertida, entendía muy bien mis dudas, mis bloqueos, mis aspiraciones… y eso nos ayudó a ambas a avanzar más en nuestro proceso.

Por eso creo que es la mujer indicada para acompañarte en el caso de que decidas que meditar sí es para ti.

Que meditar puede ayudarte en esta etapa de tu vida a lograr más serenidad, apaciguando tu mente, aprendiendo a relacionarte mejor con tus pensamientos.

Lou es una mujer íntegra, honesta. Tiene mucha experiencia y te dirá sin tapujos si te vendría mejor acudir a terapia, por ejemplo. Porque no busca hacerse rica con esto. Ella quiere hacer las cosas bien.

Así que, si te estabas planteando empezar a meditar, porque sientes que es lo que te puede venir bien en este momento, te recomiendo que aproveches y solicites plaza para el nuevo curso de Meditación53 que va a comenzar en septiembre.

Si aún te quedas con dudas, te recomiendo no perderte la entrevista que le haré a Lou la semana que viene. Le preguntaré sobre los principales obstáculos que las introvertidas podemos experimentar a la hora de meditar y cómo ella puede ayudarte a vencerlos.

Pero si ya tienes claro que quieres hacer el curso con ella (dura todo un año a un precio muy bueno, contando que tendrás su acompañamiento durante todo ese tiempo), puedes hacer clic en este enlace >> Te llevará directamente a la compra y yo me llevaré una comisión por facilitarle a Lou una alumna. (Gracias por usarlo ^_^).

Conclusiones

Como no sé si te ha quedado algo claro de todo lo que he dicho, voy a intentar resumir y darte algunas claves.

La principal es que, para mí:

En algunos casos es más que suficiente y consigue ayudarte perfectamente; pero en otros no.

Yo me encuentro en una etapa delicada de mi vida y sé que, aunque la meditación tiene muchos beneficios (porque no se trata solo de parar tu mente, sino de recuperar el control de tus pensamientos, no juzgar lo que te sucede, y aprender a tratarte de manera más amable), no creo que sea lo que necesito ahora mismo.

A veces, más que empezar a meditar, necesitas acudir a terapia.

Al menos durante un tiempo antes de pretender sentarte a meditar.

O mientras estás intentando adquirir este hábito.

De lo contrario, intentar meditar para sentirte mejor, más serena, puede ser peor aún que no intentarlo.

Y, por supuesto, si vas a empezar a meditar, asegúrate de acudir a un profesional que sepa entender y acoger tus necesidades si la cosa se pone más intensa de lo “normal”.

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