Más del 70% de las personas que han participado en la encuesta “¡Conozcamos a las introvertidas!” (98, a día de hoy), se consideran inseguras.

No me extraña que lo sean, puesto que casi todas las personas que me escriben me dicen cuánto les ha alegrado encontrar un blog en el que se habla de la introversión de manera positiva, haciendo entender que no es un defecto o una enfermedad.

Y es que lo mismo pensé yo cuando vi por primera vez la charla de Susan Cain en TED, y empecé a leer blogs en inglés y libros en español sobre lo que realmente significa ser una persona introvertida.

Sin embargo, aún queda mucha gente que malentiende la introversión y la condena.

Y debido a ello, hay muchas introvertidas inseguras, recibiendo además el mensaje de que “deberían” sentirse mal por tener miedo, ser inseguras, reservadas, cautelosas…

Introvertidas inseguras, como tú quizás, a quien le dicen que “tienes que” tirar para delante.

Y vivir tu vida. Y ser feliz…

Independientemente de todos los (MUCHOS) mensajes negativos que te lanza el mundo, la sociedad, no solo directa y explícitamente sino (mucho peor), sutil e indirectamente (sobre lo inadecuado de sentir, pensar, hacer, vivir, ser… como eres, y lo estupendo que sería para ti sentir, pensar, hacer, vivir, ser… de otra manera, de la manera en la que “los otros” creen que es mejor)…

Seguro que si eres una introvertida altamente sensible e insegura, como yo lo he sido por muuuuuucho tiempo, me entiendes cuando te hablo de esa horrible sensación de sentirte una mierda cuando desconfías de ti y de la gente (con motivos, pero la vida te ha enseñado a quitarle valor a tus sensaciones) y la gente te dice que deberías pensar menos, ser más positiva y confiar más en ti misma, en la vida y en los demás (como si no se dieran cuenta de la cantidad de mensajes negativos que recibes día a día sobre tu forma de ser).


Es como si te cuelgan el cartel de “defectuosa” y, cuando vas por el mundo relacionándote con los demás con cautela, con miedo, con vergüenza y culpa, por ese cartel que te cuelga del cuello y que has terminado creyendo que te define perfectamente, la gente te dice que no, que tienes que confiar en ti misma, ser positiva, no tener miedo de relacionarte con los demás…

Pero los demás ven ese cartel, y dudan, y temen, también, y te siguen rechazando… Pero te dicen que ese rechazo que tú sientes son cosas tuyas; que no eres defectuosa, que eres tú la que se lo cree, la que se lo dice, negándote el derecho a reconocer que lo que estás sintiendo, ese rechazo, es perfectamente válido teniendo en cuenta que otros te colgaron ese cartel en primer lugar (tú no saliste del útero de tu madre con él) y que, efectivamente, la reacción que algunas personas tienen al verlo es real.

Así, siguen reforzando tu inseguridad, tu ansiedad, tu desconfianza, tu neurosis… Refuerzan tu creencia de que eres defectuosa, una mierda, una persona tóxica, un pesado, una amargada…

Así, vives permanentemente estresada, dividida, atacada… confrontada entre un “ser positiva y feliz (porque los demás me dicen que puedo y debería)” o “ser auténtica y triste (porque es lo que yo siento, quiero, necesito…)”.

La mayoría de la gente, aparentemente más feliz que tú, te dice (evidentemente) que escojas el “ser positiva y feliz”.

Pero tú lo has probado y no te funciona.

Tranquila. A mí tampoco me ha funcionado. Nunca.

Y conozco a muchas, muchísimas personas a las que no les ha funcionado tampoco.

Supongo que te habrás dado cuenta (espero no ser la única) de que estamos viviendo una ola de pensamiento crítico sobre el optimismo irrealista.

Psicólogos, terapeutas, legos, personas del día a día… cuentan cómo pensar en positivo no solo no les ha ayudado, sino que puede ser incluso perjudicial. Por lo que te decía de que niega lo que estamos sintiendo y nos impide hacernos cargo de ello y sanarlo.

Como decía Carl Jung:

resistes persiste

Lo que resistes, lo que te niegas a aceptar de ti misma, no solo permanece, oculto, sin resolver… sino que, poco a poco, va haciéndose más grande.

¿Te has fijado en lo que sucede cuando un niño pide algo y no se le atiende correctamente, o se le ignora directamente? Lo más probable es que termine cogiendo un berrinche monumental… Hasta que, por fin, termina callándose. Pero tú y yo sabemos que ese niño no se ha quedado tranquilo y contento. Para nada. Ahí queda un dolor, una herida. Ha aprendido a callar, a negar, pero el deseo, la necesidad, sigue ahí.

¿Me vas siguiendo? Espero que sí. No pensaba extenderme mucho, pero creo que no viene mal hacer esta introducción tan larga antes de explicarte qué he estado haciendo “detrás del blog” estos meses, y qué me planteo hacer “de cara al blog” en los siguientes meses.

Como te digo, para las introvertidas inseguras (al menos para un gran porcentaje de ellas), la estrategia de “cambia tus pensamientos negativos por otros positivos”, no funciona.

No funciona para sentirnos valiosas, válidas, completas, felices.

No funciona porque nos mantiene desconectadas e incompletas, limitadas, frustradas, reprimidas.

La solución pasa, por tanto, por permitirnos ser y sentir todo lo que somos y sentimos. Permitirnos reconocer nuestros sentimientos, nuestros deseos, nuestras necesidades…

iluminar la sombra

Eso es lo que, subconscientemente, buscaba con el blog.

Pero llegó un momento en el que yo misma me perdí. Sentía que estaba siguiendo la corriente híper-positiva de otros blogs de habla inglesa donde te decían que ser introvertida es lo mejor, de lo más interesante, útil, valioso, necesario, positivo, “molón”…

Pero había algo que no me gustaba, que me resultaba incómodo… no terminaba de creérmelo. Subconscientemente, ese “qué bien ser como soy” me sonaba a “mismo perro con distinto collar” del “sé positiva y serás feliz”.

Y como habrás percibido, no estoy de acuerdo con esta actitud. A ver, en parte sí, desde luego. Reconocer el lado positivo de tu introversión, reconocer que no es un defecto, es necesario.

Pero más necesario aún es sacar toda la mierda, ¿me entiendes?

Igual no, igual soy la única que tiene esta historia rocambolesca en la cabeza.

Pero creo que no…

Si te digo que en los próximos meses me planteo:

1) seguir ayudando a otras personas (introvertidas, extravertidas, padres, profesores, hijos, amigos, parejas…) a entender lo que realmente significa ser introvertida

2) seguir contándole al mundo cómo somos y lo que nos gusta hacer (o pensar ^_^) a las introvertidas

3) hablar del lado positivo de la introversión …

4) Y, ADEMÁS, buscar maneras de favorecer —en todas las introvertidas inseguras que siguen el blog— el poder expresar, compartir y sanar toda la sombra, la oscuridad, que llevamos dentro, luchando por salir y disolverse; todo ese peso que nos consume, nos ahoga, nos asfixia, cada vez que nos relacionamos con alguien que nos dice (o nosotras percibimos) que no nos comprende, que no entiende cómo podemos ser infelices, con lo “bonita que es la vida, y la gente, y estar por ahí de risas y fiestas”…

¿Qué sientes cuando te cuento estos planes? ¿Qué se te pasa por la cabeza? ¿Te resulta interesante? ¿Te dan ganas de saber más?

Espero que sí ^_^

Porque en eso estoy metida a fondo ahora mismo. Leyendo sobre neurosis y “la sombra”.

Y te aseguro que solo leer me está resultado increíblemente terapéutico. Así como espero que lo sea para ti cuando te empiece a hablar de ello en el blog.

Estoy entendiendo cómo he llegado a ser la persona insegura, neurótica, hiper-pensante, temerosa, desconfiada, que soy. Cómo puedo tener tanta culpa, vergüenza, acumulada en este pequeño cuerpo.

Todavía me queda por liberar(me). Pero pocas veces en la vida he sentido esta sensación. La de haber encontrado lo que andaba buscando.

¿Lo has sentido? Esa liberación, ese alivio, ese descanso… al, por fin, encontrar algo y poder decir “esto es lo que necesitaba”: por fin, alguien me comprende, alguien me permite ser como soy, alguien me dice que está bien todo lo “malo”, oscuro, inadecuado, que he estado reprimiendo por muchos años… Por fin me siento liberada.

Por fin alguien me dice que lo que siento es normal, es lógico, es natural… e incluso sano.

Esa inseguridad, esas neurosis, esa desconfianza…

Por eso he parado en el blog y en los emails. Porque me ha costado mucho llegar a aclararme mis ideas, llegar a sentir que lo que quería contarte era realmente sano.

No quería seguir hablándote de lo chachi que es ser introvertida, porque estaría contribuyendo a negar, a reprimir, ciertas partes de ti. Te estaría diciendo “olvídate de todo lo que sientes y piensas, de tus creencias acerca de ser una persona poco valiosa por ser introvertida, y empieza a verte como una persona introvertida maravillosa, hermosa, perfecta”.

No.

Toda mi vida he estado en contacto con el dolor, con el sufrimiento, con la oscuridad, propia y ajena. Y siempre he creído que era algo, a todas luces, negativo para mí y para los que me rodean.

Pero ahora empiezo a pensar que ser sensible a esta parte que todos llevamos con nosotros, seamos conscientes o no, es una ventaja.

Poder mirar a la sombra a la cara, a la oscuridad, a lo que hay de inadecuado en nosotros, “sin miedo”… Es una liberación para mí y para los demás. Es sanador. Nos libera de la neurosis. De seguir negando en nosotros y en los demás una parte de nosotros, de seguir fomentando la alienación, la incompletitud, el vacío, la decepción, la desilusión, la apatía, la desgana, la desconexión…

liberación represión

En fin. Eso es lo que, a grandes rasgos, va a ir apareciendo por el blog. No ya. No mañana. Quizás a final del verano… Con el nuevo comienzo del curso escolar.

Y entonces, te explicaré mejor qué es eso de la sombra, de estar alienado, de la oscuridad que hay en nosotros, de la represión o la negación, de estar incompletos… y de cómo podemos llegar a sentirnos completas y felices aceptando la parte (o partes) dormidas en nosotros.

Y si no lo he hecho hasta ahora ha sido, sinceramente, por miedo. El lado oscuro de las personas (y de mí misma) es algo que siempre he captado pero con lo que no he tenido una buena relación.

Me da miedo conectar con eso, hacer que las personas con las que me relaciono a través del blog y todo lo que implica el blog como proyecto (charlas, talleres, sesiones, ebook, emails…) conecten con su lado oscuro, y luego no saber qué hacer con ello, cómo canalizarlo, cómo trabajar con todo eso para sanarnos.

Pero empiezo a ver la luz. Y por eso quería compartirlo contigo.

Por eso y porque una persona a la que quiero mucho me sugirió que enviara un mensaje contándole a todas las personas que siguen el blog por qué he estado tanto tiempo sin escribir.

Y es por todo esto. Porque estaba gestando y gestionando muchas cosas dentro de mí. Y me quise permitir (cosa que no suelo hacer y que irá cambiando) escucharme y darme lo que necesitaba: un tiempo de silencio.

No estar para los demás cuando necesitaba estar conmigo.

Lamento si esto te ha molestado. Si te has sentido abandonada, ignorada, decepcionada… Si querías que publicara más y no lo hice…

Espero que en este nuevo camino que empezará próximamente, me sigas acompañando.

Y si no te resuena nada de lo que te digo, si te parece muy complicado, o simplemente, no va contigo, celebro el tiempo que has estado conmigo, siguiendo el blog, y te deseo lo mejor.

Pero siento que quiero enfocar el blog a un cierto tipo de persona: una introvertida insegura, neurótica, con ciertas necesidades, y que busca trabajar y lograr sus objetivos (de ser más feliz, sentirse más plena y libre) de una manera más profunda.

Y ellas, esas introvertidas inseguras, que se sienten tristes y solas, incomprendidas, desanimadas… que quieren conectar a un nivel más profundo con los demás, tener una mejor relación consigo mismas y con los otros, pero sienten esa ambivalencia entre exponerse y protegerse, entre querer y no querer, porque se sienten dañadas al enfrentarse al mundo…

Todas ellas se merecen que yo les ofrezca este espacio, esos artículos, talleres, ebooks, etc., que están por venir.

Escribir para que introvertidas seguras se sientan identificadas, se diviertan, etc., no tiene sentido para mí, no es lo que me ilusiona. Como psicóloga, quiero poder ayudar a sanar a aquellos que lo necesiten. Las que se sientan bien consigo mismas, orgullosas de ser introvertidamente felices, no necesitan que yo les esté recordando lo maravillosas que son por ser como son. Y si lo necesitan, lamento decir que no quiero ser yo la que lo haga. Mi tiempo y energía quiero dedicarlos a aquellas que quieren otro tipo de ayuda.

Así pues, si este nuevo camino te atrae, te invito a quedarte conmigo, a tenerme paciencia hasta que vuelva a publicar, y que me cuentes, si te apetece, qué sientes con todo esto que te cuento.

Por aquí sigo para lo que necesites, aunque no te escriba muy a menudo, ¿ok?

Introvertidamente Tuya,

Irtha.

 

USO DEL FEMENINO

Hablo en "femenino" porque me dirijo a personas. Así, tanto si eres hombre como mujer, puedes sentirte identificada 😉

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