La gente suele pensar que las personas introvertidas somos depresivas, ansiosas e inseguras. En lo que no se paran a pensar es en si es cierto o no, o –de darse– a qué se debe esta mayor tendencia a la depresión.

Como casi siempre, la respuesta no es sencilla: no hay una única causa, y esta no se encuentra sólo en la persona introvertida.

 

Causas habituales de la depresión

Vamos a empezar viendo brevemente cuáles son los principales factores que pueden provocar un estado de ánimo depresivo:

– Herencia: las personas con familiares que han recibido diagnóstico clínico (por un psicólogo o profesional de salud mental) de depresión tienen más probabilidades de experimentar depresión. Esto da a entender que hay un factor genético que puede influir en ella, pero como hay personas que, aún teniendo familiares con depresión, no llegan a mostrar nunca síntomas depresivos, se asume que hay otros factores que la causan.

– Factores bioquímicos: los estudios neuropsicológicos han demostrado que los síntomas depresivos son reflejo de un desequilibrio en ciertas substancias químicas del cerebro, en concreto, de los neurotransmisores que regulan el estado de ánimo (fundamentalmente, la serotonina y la dopamina).

– Factores ambientales: aún cuando no haya una predisposición genética o una alteración en la química cerebral, las personas pueden desarrollar depresión a raíz de situaciones vitales estresantes; la muerte de un familiar próximo o de un amigo, una enfermedad crónica, problemas interpersonales, dificultades financieras, divorcio, pueden generar sentimientos de tristeza y/o desmotivación extremos.

– Personalidad: hay distintos factores psicológicos que pueden agravar el efecto de los factores ambientales y/o bioquímicos; una baja autoestima, un patrón de pensamiento negativo, la sensación de falta de control sobre las circunstancias de la vida, etc., predisponen a padecer depresión.

 

Factores bioquímicos de la introversión que predisponen a la depresión

En la base biológica de la introversión se haya la vulnerabilidad a la depresión.

Las vías dopaminérgicas, donde actúan los neurotransmisores que mencionamos en el apartado anterior, son menos activas en el cerebro introvertido.

Eso se traduce en la falta de entusiasmo y euforia que las personas introvertidas sentimos ante la posibilidad de obtener alguna recompensa, ganar algún premio o alcanzar algún logro.

El lado positivo es la perseverancia y la tolerancia a la frustración que ello supone. Pero el lado negativo es la mayor facilidad para caer en un estado de desmotivación e indiferencia extrema.

Por otra parte, Susan Cain habla en su libro, “El Poder de los Introvertidos”, de investigaciones que muestran la presencia de una variación del gen SERT (la proteína transportadora de serotonina) en las personas introvertidas.

Esta variación corta está relacionada con nuestra hiperreactividad e hipersensibilidad al entorno, la característica fundamental que nos define como introvertidas.

Además, esta variación del gen SERT hace que la serotonina sea procesada con menor eficacia en el cerebro de las introvertidas, lo que nos hace más vulnerables, efectivamente, a la depresión.

¿Es lo mismo depresión que tristeza?

Es MUY importante (luego te cuento por qué) aprender a diferenciar entre un estado de ánimo depresivo y la tristeza, la apatía o la preocupación normales del día a día.

Para hablar de depresión (trastorno depresivo mayor) debe haber un “malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo”.

Es decir, que la persona (y/o los familiares y amigos más cercanos) reconoce que se siente especialmente sobrepasada por las circunstancias; al reflexionar sobre su estado actual, descubre que no es propio de ella reaccionar así ante las circunstancias que está viviendo.

Dicho de otra forma, aunque en otras épocas de su vida haya podido experimentar:

– sentimientos de tristeza o vacío,

– irritabilidad,

– indiferencia, apatía, abulia (falta de voluntad), anhedonia (incapacidad para disfrutar),

– problemas para pensar o concentrarse, indecisión,

– falta de energía, aletargamiento o agitación, insomnio o hipersomnia, falta o aumento de apetito…

no han sido tan intensos ni duraderos como para suponerle un problema grave.

Para intentar ser un poco más precisa pero sin entrar en demasiado detalle, hay que decir que, cuando comparamos la depresión con la introversión, no hablamos de un episodio depresivo mayor, sino de un “trastorno depresivo persistente” (ya sea un trastorno depresivo mayor crónico, o un trastorno distímico).

Así que, no, no es lo mismo depresión que tristeza. La tristeza, la desgana, la preocupación, podemos experimentarlas diariamente sin generar esa incapacidad funcional propia de la depresión.

¿Qué tienen que ver la tristeza y la depresión con la introversión?

Cuando alguien conoce a otro alguien, y este último es introvertido, se le atribuyen toda una serie de etiquetas y diagnósticos.

Introvertida o deprimidaNo sólo la de “tímida”; triste, amargada o depresiva son adjetivos que se usan a menudo para describir a una persona introvertida.

A ojos externos, las personas introvertidas nos aislamos porque no sabemos divertirnos, disfrutar, relajarnos… Por lo que resulta fácil terminar deduciendo que somos unas pobres infelices.

Pero, como ya hemos visto, aunque las personas introvertidas podamos mostrar un nivel más bajo de energía y entusiasmo, esto no tiene nada que ver con sentirnos tristes, ni mucho menos con estar depresivas.

No, a menos que “la gente” lo diga y que tú te lo creas (como ya habrás leído u oído, creer es crear).

Por eso es MUY importante, como te decía antes, aprender a diferenciar entre tristeza, depresión… e introversión.

Saber que nuestra forma de ser no tiene por qué estar relacionada de forma directa con un estado de ánimo depresivo es fundamental para no caer en él.

Sin embargo, esto no es lo único que podemos hacer para “protegernos frente a la depresión”.

 

La solución para evitar la depresión: la hipótesis de la orquídea

Aunque al principio del artículo te decía que presentar la variación corta del gen SERT predispone a las personas introvertidas a la depresión, esto no es del todo cierto.

SÓLO en el caso de que las personas que posean esta versión experimenten circunstancias de vida difíciles, estresantes, intestables… el riesgo de padecer depresión aumentará en un 20%.

Pero si la persona con el gen corto crece en un entorno estable, seguro, comprensivo y respetuoso, las personas introvertidas con la variación corta del gen SERT se harán un 25% más resistentes a la depresión, en comparación con personas sin esta variación creciendo en entornos favorables.

Además, se convierten en personas más altruistas y empáticas, son más resistentes al refriado común, y muestran un rendimiento cognitivo mayor.

Como lo lees. Lo que podía suponer un riesgo se transforma en una enorme ventaja cuando se dan las condiciones adecuadas.

Hipótesis de la orquídea

Esto es lo que el escritor David Dobbs llamó la “hipótesis de la orquídea”: mientras que algunas plantas, como el diente de león, crecen sin problemas en cualquier ambiente, las orquídeas necesitan unas condiciones especiales y mayores cuidados para no marchitarse y morir.

A las personas nos pasa igual: cuando nuestro entorno nos proporciona las condiciones adecuadas para crecer (comprende, respeta y estimula nuestra forma introvertida de ser), podemos desarrollarnos sanos y fuertes.

Así, una persona introvertida, que nace siendo vulnerable a la depresión, puede hacerse resistente a ella si se dan las condiciones adecuadas; para mí, la principal condición para crecer sana y feliz: conocerte, comprenderte y amarte tal y como eres.

Conclusión

 

En definitiva, aunque las personas introvertidas tengamos un sistema nervioso que nos hace más vulnerables a la depresión, en realidad, lo que más nos predispone a ella no es tener menos dopamina o serotonina en el cerebro, es experimentar condiciones de vida difíciles, entre las que se encuentra el no sentirnos comprendidas y valoradas.

Para fortalecerte y sacar provecho de tu vulnerabilidad a la depresión como introvertida, conócete a ti misma, desarrolla tus puntos fuertes, aprende a verte de una manera más positiva y destierra la creencia de que eres una amargada.

Eso sí, presta atención a las señales de alarma, como el malestar y el deterioro de tu rendimiento, para evitar que tu estado de ánimo sereno termine transformándose en depresión.

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