Son muchas las razones por las que una persona comportarse de una manera lenta y relajada, como si le faltara energía.

Y no en todos los casos hay que actuar sobre las causas.

Puede tener que ver con problemas de salud física o psicológicas. Pero no siempre.

Descubrir cuáles pueden ser las que están influyendo en tu caso te ayudará a tomar decisiones más conscientes y acertadas.

1. Tomar demasiados azúcares refinados

Los productos que contienen demasiados azúcares simples (como la bollería) elevan rápidamente el nivel de azúcar en sangre, poniendo rápidamente en marcha un proceso costoso de asimilación y eliminación de la misma que consume muchos recursos de nuestro organismo, provocando que nos sintamos somnolientas. Toma consciencia de la cantidad de azúcares simples que consumes y sustitúyelos poco a poco por alimentos con hidratos de carbono de asimilación lenta, que no provocan el anterior proceso de compensación.

2. Diabetes

La diabetes puede ir acompañada de fatiga, ya que los niveles elevados de azúcar permanecen en la sangre en lugar de adentrarse en las células para generar energía. Un análisis de sangre desvelará si tu nivel de azúcar en sangre es elevado y necesitas echarle una mano a tu cuerpo controlando el consumo de azúcar y/o apoyándolo con la administración de insulina que favorezca la entrada de la glucosa a la célula.

3. Falta de hierro

La anemia, es decir, tener niveles bajos de hierro, hace que el organismo reciba menos oxígeno del necesario, provocando agotamiento y fatiga. Los análisis de sangre suelen reflejar este problema. Para mejorar esta situación se recomiendan dietas ricas en hierro o, incluso, tomar algún suplemento.

4. Falta de vitamina B12

La vitamina B12, al igual que las otras vitaminas del complejo B, es importante para el metabolismo de proteínas. Ayuda a la formación de glóbulos rojos en la sangre y al mantenimiento del sistema nervioso central. Por lo tanto, el déficit de esta vitamina provoca anemia y debilidad. Una vez más, te recomiendo realizarte análisis de sangre periódicos (1 al año es suficiente) y encontrar una manera sana y natural de elevar tus niveles de vitaminas y minerales (a través de una alimentación completa).

5. Bebidas estimulantes

Tomar mucho café o bebidas energéticas puede parecer una buena idea para mantener niveles altos de energía, pero realmente nos afecta más de lo que puede ayudarnos. Si tomas café o alguna otra bebida, te activará un rato, pero luego caerá aún más bajo y necesitarás seguir tomando algo para mantenerte activa. Y lo peor es que afectará a tu sueño y tu descanso.

6. Deshidratación

La fatiga puede ser un síntoma de deshidratación. Somos agua en un 70%. Nuestras células, músculos y funciones corporales requieren agua para funcionar óptimamente. Y esto es importante no sólo cuando realizamos ejercicio físico o en días de calor, sino también en climas fríos o cuando el trabajo es de tipo intelectual.

7. Llevar una vida sedentaria

No hacer ejercicio por falta de energía hace que tengamos menos energía para hacer ejercicio. Es la pescadilla que se muerde la cola. La actividad física libera adrenalina y serotonina, lo que significa que acabamos con más energía de la que empezamos. Si crees que tu problema es que te has instalado en este círculo vicioso, igual te interesa añadir alguna actividad física suave pero activadora a tu rutina. Montar en bici, dar un buen paseo, bailar, subir escaleras…

8. Dormir poco

La falta de sueño y descanso tarde o temprano termina produciendo fatiga. El cuerpo necesita “reiniciarse” mientras duerme, recargar todos los recursos agotados durante las horas de vigilia. No dormir las horas suficientes o sufrir de apnea durante el sueño (interrupciones en la respiración) afecta a la calidad del sueño y nos impide levantarnos con la energía suficiente para afrontar una nueva jornada.

9. Baja exposición al sol

Habrás notado que en invierno, cuando los días son más cortos y el cielo está nublado la mayor parte del tiempo, tu energía cae por los suelos. La luz solar hace que liberemos serotonina en nuestro cerebro, mejorando nuestra motivación. Además, favorece la secreción de melatonina durante la noche, y nos ayuda a dormir y descansar mejor. Así que, siempre que puedas, aprovecha unos rayitos de sol para recargarte cual panel solar.

10. La estación del año

Invierno y otoño son las épocas en las que más propensas somos al cansancio. Como ya hemos visto, hay menos sol, los días se nublan y se vuelven más cortos. El cuerpo debe acostumbrarse al nuevo ritmo luz/oscuridad. Pero también nuestra mente. Vuelta de las vacaciones, celebraciones en familia que pueden recordarnos a personas que ya no están, hacer balance de un nuevo año que acaba… Todo esto puede volvernos más remolonas en esta época del año.

11. Ciclos de actividad-descanso desajustados

Es posible que el horario que hayas establecido no sea el más adecuado para ti. En muchas ocasiones no podrás elegir tu horario de trabajo o de clases, pero sí puedes ajustar el resto de actividades diarias según la energía que te demanden y la energía que tú tengas en ese momento. Por ejemplo, si rindes más a primera hora de la tarde, no tiene ningún sentido desperdiciar esas horas viendo la tele y que luego te cueste más sentarte a hacer algún trabajo mental. Escuchar a tu cuerpo y respetar sus ciclos de activación te permitirá gestionar mucho mejor tus energías.

12. Pasar mucho tiempo sentada

Si lo piensas bien, tiene todo el sentido del mundo: “pasar más de una hora seguida sentados hace que se reduzca nuestros niveles de energía por adaptación”. El cuerpo entiende que puede ponerse en modo ahorro de energía. Por eso, levantarse y estirar las piernas durante 5 minutos cada hora de trabajo, hacer estiramientos, ayuda al cuerpo a activarse de nuevo. Otra estrategia es trabajar de pie, o combinar sesiones de trabajo sentada y de pie. Aumenta la concentración y hace que rindas más.

13. Comidas muy pesadas

Un almuerzo o una cena muy abundantes conllevan un sobresfuerzo por parte de nuestro organismo para digerir todos los alimentos consumidos. Si, además, nos acostamos inmediatamente después, la digestión será más lenta y estaremos favoreciendo la acumulación de grasa, que nos volverá aún más letárgicos.

14. Sobrepeso

El sobrepeso y la obesidad suelen afectar al funcionamiento musculo-esquelético, endocrinológico y cardiovascular del organismo, lo que se termina traduciendo en falta de energía. No sólo afecta a nivel físico, sino que también puede provocar desmotivación debido a la falta de confianza en una misma por no tener el aspecto físico “deseado”.

15. Disfunción de la glándula tiroides

Las hormonas que segrega un tiroides que funciona óptimamente permiten que la tirosina se transforme en dopamina y sea utilizada por el cerebro. La falta de estas hormonas produce, por tanto, apatía física, emocional y mental junto a otros síntomas físicos como aumento de peso, manos y pies fríos. Si crees que puedes tener un problema de tiroides pide a tu médico que te realice un análisis.

16. Estrés

El estrés o la ansiedad excesiva y generalizada nos coloca en una situación de demanda excesiva para nuestro organismo. Esto termina agotándolo y agotándonos a nosotras, provocando alteraciones del sueño, y falta de energía. Si la razón es que te sientes desbordada, si sientes que no tienes recursos suficientes para afrontar la situación que estás viviendo y eso te desgasta, es aconsejable que acudas a alguien que pueda ayudarte a cambiar tu perspectiva y afrontar tus circunstancias con mayor confianza.

17. Estado de ánimo bajo

La depresión, asociada con niveles bajos de serotonina, se relaciona con la apatía, la desgana… Si sientes que tu motivación es mucho más baja, que ya no te apetece hacer cosas que antes te hacían disfrutar, si no tienes ganas de nada, ya no ves sentido a esforzarte por hacer muchas de las cosas que has hecho hasta ahora, es posible que tu comportamiento “relajado” sea síntoma de una situación más delicada, y te recomiendo ayuda profesional.

18. Niveles bajos de catecolaminas

Cuando tu cerebro produce una cantidad suficiente de catecolaminas (dopamina, que “produce” la norepinefrina y la epinefrina) te sientes alerta, con energía y con un buen nivel de excitación emocional y física. Los niveles bajos de catecolaminas favorecen que las personas se sientan deprimidas y apáticas.

19. Ausencia de tirosina

La tirosina es un aminoácido que el cerebro utiliza para producir dopamina, donde tiene un efecto antiestrés y antidepresivo. También es utilizada para producir hormonas tiroideas que, como hemos visto, tienen un efecto estimulante. Sin embargo, ten precaución: un consumo excesivo de alimentos que contienen cantidades significativas de esta sustancia puede ser peligroso en casos de presión arterial elevada, migrañas o hipertiroidismo, por ejemplo.

20. EXCESO DE ACETILCOLINA

Como vimos en el artículo acerca del cerebro introvertido, un sistema parasimpático especialmente activo debido a la acetilcolina es el responsable de nuestro habitual estado de “reposo”. No hay mucho que hacer: aceptación, y controlar que el sistema parasimpático no está especialmente activo debido a que estamos experimentado mucho estrés. En ese caso, toca acudir a un experto o aprender técnicas de relajación y gestión del estrés.

20 + 1. PERSONALIDAD INTROVERTIDA

Si los motivos que te llevan a vivir de una manera relajada y serena, sin prisas, no tienen nada que ver con problemas en la alimentación, niveles deficientes de vitaminas, minerales, hormonas o neurotransmisores, no está asociado a una situación de estrés o depresión, ni con una vida excesivamente sedentaria… sino con tu introversión, es decir, con una preferencia por un ritmo algo más lento y tranquilo, puedes quedarte tranquila.

No hay nada que cambiar.

Sigue disfrutando de la vida a tu manera, y no dejes que el hecho de que exista otra forma de vivirla te haga pensar que la tuya es incorrecta.

Referencias:

Transformer QUO

Motivación ABOUT

BEKIA SALUD

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