Vale. Ya sabes que eres introvertida, estás descubriendo que serlo no es ningún problema, no es una enfermedad…

Que está bien ser como eres, reservada, tranquila, solitaria a veces…

Pero también quieres tener una vida social enriquecedora y satisfactoria (aunque eso suponga para una introvertida tan solo 2 o 3 amigos de confianza, o incluso menos).

La cuestión es que, con más frecuencia de la que te gustaría, te planteas que deberías socializar más, relacionarte más, salir, hablar con gente cara a cara, interactuar con “algo” distinto que la pantalla del móvil o del ordenador.

“Hay” que socializar, te dices. ¿¿Pero “cuánto”??

¿Cuánta socialización es buena para mí?

¿Cuánto debería relacionarme con los demás, por mi bien?

¿Cuándo tendría que obligarme a salir?

¿Cuánta socialización es suficiente para estar en paz conmigo misma y con los demás…

… para que los demás (o yo misma) no piensen que estoy mal, que me pasa algo malo?

Más importante que “cuánto” es: “para qué”

Ya te hablé un poco de esto cuando te hablé de la mentalidad adecuada para hacer amigos, pero hoy quiero darle un enfoque diferente.

Varias personas me han comentado que una de sus principales dudas existenciales como introvertidas que son es saber encontrar el equilibrio entre “estar sola” (que es lo que nos suele apetecer a las introvertidas) y “relacionarme” (que es algo que no suele apetecernos mucho, pero que vemos como “necesario”).

Todo sea dicho, este es un dilema que a mí misma también me atrapa a veces.

Es más, es algo en lo que actualmente estoy trabajándome a nivel personal. Y es por eso que he querido aprovechar para escribir sobre el tema y compartir contigo mi experiencia y mi opinión.

Por un lado, tenemos la mentalidad de que “hacer amigos es necesario”; y por otro, la idea de que “no nos relacionamos lo suficiente”.

Evidentemente, de esta combinación de creencias, surge una “orden”: “tienes que relacionarte más”.

Y de ahí esa casi perenne sensación de que deberíamos estar haciendo algo que no hacemos (socializar) y/o que estamos haciendo algo que no deberíamos hacer (aislarnos).

Nos sentimos inadecuadas, sentimos que no estamos alcanzando el listón que nos hemos marcado inconsciente, vaga e irracionalmente.

Digo irracional porque surge de unas creencias que, si nos paramos a analizar, no tienen sentido.

No sé tu caso, pero en el mío y en el muchas de las personas que me han escrito comentándome su experiencia en este tema, a menudo surge la creencia de que “debo hacer amigos nuevos y estar ahí para los viejos… para cuando me hagan falta a mí, para cuando los necesite, para cuando me falten…”.

¿Te identificas tú también en esta mentalidad?

¿Creyendo que algún día no tendrás algo que necesitas mucho y sin lo cual no vas a poder/saber/querer (sobre)vivir?

Pues esto, querida amiga introvertida, creo que es la raíz de la raíz del problema.

Y es, evidentemente, la raíz de la raíz de la solución.

¿Sientes que “tienes que” relacionarte con los amigos que ya tienes para “cumplir”, para “ser una buena amiga”, para que no te abandonen? ¿Para que sientan que estás ahí por ellos? ¿Para que sigan apreciándote y puedas recurrir a ellos cuando REALMENTE te apetezca estar con ellos?

¿Sientes que “deberías” hacer amigos nuevos porque así tendrás más posibilidades de encontrar a alguien que te entienda y te aprecie lo suficiente para acompañarte en los momentos en los que más sola y vacía te sientas?

Es normal.

Yo también lo siento.

Pero estoy empezando a darme cuenta de que muchas de mis decisiones, muchas de las razones que guían mi vida están basadas en cubrir un vacío o evitar que surja ese vacío en mi vida.

Y, lógicamente, quiero cambiar eso para que mi vida sea más plena y rica, para relacionarme mejor con los demás y sentirme más feliz.

¿Cómo empezar a cambiar de mentalidad?

Evidentemente, no siempre que quedo con mis amigos, lo hago para calmar mi sentimiento de vacío.

Muy a menudo surge de un deseo genuino de compartir con ellos nuestras vidas, nuestros proyectos, lo que nos apasiona, nuestras ilusiones… y el proceso de vivirlas, nuestras emociones, los miedos e inseguridades, lo que nos hace levantarnos y perseverar…

Es en esos momentos, en los que el motivo de socializar es “simplemente” SER, cuando el cuánto deja de tener importancia.

Ya no me pregunto si me estoy relacionando lo suficiente.

Me centro en escuchar a mi cuerpo, escucharme a mí misma, escuchar mis vacíos…

¿Me estoy relacionando para tapar vacíos? Si es así, antes que nada, lo acepto. Después, puede que decida no salir en ese momento…

O igual decido seguir adelante y quedar con esa/s persona/s para seguir escuchándome y conociéndome a través de la interacción: a pesar de haber quedado porque quería sentirme menos vacía, ¿qué más cosas me está aportando o me puede aportar este encuentro? ¿Me ayuda en algo quedar con otras personas siendo consciente de que lo hago para llenar vacíos?

También puede pasar que me vea evitando relacionarme con otras personas para impedir que surja un vacío mayor cuando ya no estén, cuando se vayan, cuando me dejen, cuando me rechacen…

Así pues, también aprovecho estas situaciones para conocerme mejor. Escuchándome puedo decidir seguir a solas para llenar mis vacíos por mí misma antes de salir a interactuar con otra persona…

O me quedo en casa, sintiendo ese vacío, sintiéndome (aún) incapaz de llenarlo por mi cuenta, negándome a relacionarme con otra persona desde ese vacío, porque creo que estaría fomentando una relación de dependencia. Y escojo evitar sentir eso en ese momento.

Otras veces, me animo a salir, aún sintiéndome vacía y sabiendo que salgo a pedirle a otros que me ayuden a dejar de sentirme así… Y lo hago porque siento que mi proceso requiere de estos momentos también.

En definitiva, para mí, el cambio de mentalidad del “cuánto relacionarme” al “para qué” implica ser consciente de mis vacíos, permitirme verlos, escucharlos y sentirlos.

Saber que están ahí y que, muy a menudo, mi decisión de salir a socializarme o no “depende” de ellos…

Cambiar de mentalidad me permite estar mucho más en paz con mi “cantidad de interacción”.

Ya no me castigo si me doy cuenta de que me estoy relacionando poco, porque sé que el “verdadero” problema es el vacío que siento.

Y sobre ese vacío actúo.

Me centro en intentar “llenar” ese vacío por mí misma antes de salir al mundo a pedirle a otra persona que lo llene.

O, al menos, intento ser consciente de cómo ese vacío influye en mí cuando estoy relacionándome con otros.

Finalmente, ya no pienso tanto en si estoy relacionándome mucho, poco o lo suficiente… sino en la motivación detrás de la acción.

Un buen motivo para socializar

Quedarte sin amigos o no tener a nadie cuando lo necesites, no son razones sanas y enriquecedoras para relacionarte con otras personas.

Puede hacer que salgas, que hables, que crees lazos… pero no va a calmarte ni hacerte sentir bien.

Seguirás sintiéndote vacía, seguirás sintiendo que algo te falta, porque no es natural, no es auténtico…

Así pues, la decisión de salir y socializar, o no, no debería basarse en cuánto pueden llenar tus vacíos presentes o futuros.

Sería mejor que se basaran en un deseo auténtico de conocer y darte a conocer, de aplicar tus conocimientos, cualidades y habilidades para tu bien y el bien común, de compartirte y, con ello, servir para el bienestar de los que te rodean.

No sé si esto suena muy bien o tiene mucho sentido, pero acabo de ver la película “El Cambio”, de Wayne Dyer, y en ella decía que la felicidad de una persona se basa en gran medida en su capacidad para ayudar a otro ser humano, en su generosidad y su bondad. Así pues, en mirar más al otro y cómo podemos ayudarle.

Es algo que aún entra un poco en conflicto con algunas creencias que tengo muy arraigadas, pero si tienes la oportunidad de ver la película, te invito a hacerlo. Creo que, en general, tiene ideas muy valiosas y que pueden generar un “cambio” positivo en nuestras vidas… ,)

En fin, cierro kit-kat, que me lío.

Entonces, te decía, que un buen motivo para socializar es cre·SER en tu relación con el otro.

Sin embargo, hay otra razón poderosa para relacionarte con otros, al menos en mi opinión, y es sacarte a ti misma de la espiral del aislamiento, o círculo vicioso de la evitación, (o evitar caer en ella).

Cuando tú misma te das cuenta de que estás pasando una época en la que, cuanto menos sales, menos te apetece salir…

Sientes que no tiene sentido, que no te apetece, que las personas con las que vas a encontrarte no te van a entender, que te van a agotar, que no te vas a sentir bien…

Y esto sucede una semana, y otra, y así durante un tiempo relativamente largo…

Entonces tienes la oportunidad de mirarte a ti misma y ver qué está sucediendo dentro.

Solo de ti depende saber si estás pasando una época de sano aislamiento, o si el aislamiento se debe a que estás empezando a experimentar ansiedad, miedo, inseguridad, baja autoestima, depresión…

No quiero asustarte. No te digo que, por dejar de salir un par de semanas te vaya a dar un trastorno mental tras otro.

Es más, para serte totalmente franca, soy de las que piensa que si llegas a experimentar todo eso, es porque necesitabas hacerlo. Y que una vez que estés ahí tienes la oportunidad de aprender mucho de ti, de la vida y del mundo para salir fortalecida de todo eso.

Es decir, creo que verte en esa situación no es malo, y confío plenamente en que tendrás recursos y herramientas para convivir con ello y salir de todo eso… cuando haya pasado el tiempo que sea, el que tú necesites para ver lo que esa experiencia haya venido a mostrarte.

Pero mentiría si no te dijera que una razón para socializar puede ser ver o sentir esa llamada de “atención” que supone verte al borde de una espiral de aislamiento.

Es totalmente lícito decidir no salir.

Es válido sentirnos desanimadas, agotadas, frustradas y sin esperanza, sin ganas para salir otra vez al mundo y experimentar toda una serie de emociones incómodas y desagradables.

Y socializar quizás no sea la mejor medicina, o al menos la única, en ese momento.

Pero mientras tanto, mientras pones en práctica otras soluciones más estables y duraderas (centradas en gestionar el temor, la decepción, la rabia o la tristeza que sientes cuando te relacionas con otros), quizás estar con otros te ayude a mantenerte a flote y saber mejor qué necesitas para sentirte mejor al socializar.

O para pasar a vivir un sano aislamiento, basado en la dedicación a otros proyectos personales que requieren soledad, como el crecimiento personal o el descanso, antes de volver a vivir una época de mayor apertura al exterior.

Conclusiones

Es normal para las introvertidas (que nos sentimos a menudo abandonadas, rechazadas, inadecuadas, demasiado reservadas, inseguras, antisociales, ariscas, bordes, aguafiestas, aburridas…) tener la sensación de que siempre podríamos relacionarnos un poco más de lo que ya lo estamos haciendo.

Especialmente cuando esa mentalidad se combina con la creencia de que “ten amigos ahora amigos, para que los tengas cuando lo necesites” (o lo que es lo mismo, “si no tienes amigos ahora, no los tendrás después”), creer que no nos relacionamos lo suficiente puede condicionar nuestra vida: cómo nos vemos y nos definimos a nosotras mismas, nuestra autoestima, las decisiones que tomamos… nuestra realización personal y nuestra felicidad.

Así pues, ir a la raíz del problema, para descubrir las creencias, los motivos que nos damos para relacionarnos con personas conocidas o desconocidas, es fundamental para asegurarnos de que las decisiones que tomamos, el cambio que emprendemos, es para mejor.

De poco sirve cambiar la acción (relacionarte más), si no tomamos consciencia de lo que hay debajo (una sensación de vacío).

Como dije antes, puedes salir más, socializar más, pero eso no te asegura relaciones de buena calidad ni, por tanto, que te sientas mejor contigo misma.

Si lo haces así, tarde o temprano volverás a tu antigua tendencia, el aislamiento, sintiéndote aún más incapaz de relacionarte con los demás y menos ganas tendrás de volver a intentarlo.

En el próximo artículo compartiré contigo algunas ideas para salir de la espiral de aislamiento que se basarán, una vez más, eminentemente en la mentalidad, y no tanto en la “técnica”.

Hasta entonces, te invito a ser consciente de las razones que te impulsan a relacionarte con los demás, y a “hacerte amiga” de tus vacíos.

USO DEL FEMENINO

Hablo en "femenino" porque me dirijo a personas. Así, tanto si eres hombre como mujer, puedes sentirte identificada 😉

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