En la parada de la guagua, en la cola del supermercado, en un banco del parque, el primer día de clases, en el bar, esperando para que comience un evento… son muchas las ocasiones en las que nos vemos implicadas (a veces sin querer) en chácharas insustanciales, superficiales, de esas en las que “se habla por hablar”.

Conversaciones que, en muchas ocasiones, y en opinión de una gran cantidad de introvertidas, terminan convirtiéndose en un diálogo de besugos.

Las introvertidas somos bastante alérgicas a los diálogos de besugos, pero aún así, a veces “tenemos” que comérnoslos (y es importante que aprendamos a hacerlo).

Y por eso he pensado que te gustaría disponer de algunas estrategias para “que pasen” mejor.

Como decía Mary Poppins: “Con un poco de azúcar…”.

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Por qué las introvertidas rehuimos los diálogos de besugos

Por si no sabes muy bien de qué van los diálogos de besugos, o para asegurarnos de que tenemos la misma idea en mente, te muestro el siguiente diálogo:

  • ¿Y cómo están tus hijos?
  • … Mi hijo Alberto está en Barcelona, se fue la semana pasada.
  • A mí nunca me gustó Barcelona, fíjate. Me gusta más Madrid. La gente allí es más acogedora.
  • Pues sí. Se fue a buscar trabajo, porque aquí la cosa está complicada.
  • A mí me parece que Madrid es mucho más bonito. El Parque del Retiro es precioso.
  • … Y Carmen está trabajando en el Maspalomas. Ella sí ha tenido suerte. Desde que acabó la carrera consiguió un trabajito allí.
  • Pues el sobrino de una amiga del gimnasio …

No hace falta que siga, ¿no?

Como ves, se trata de una conversación que podría llegar a ser profunda, pero la falta de escucha activa por parte de las dos personas implicadas la transforma en un diálogo de besugos.

No es que no se digan cosas interesantes o no se hable de aspectos personales, pero se comentan de manera tan superficial que apenas llevan a nada.

Te lo confieso: odio hablar de cosas que no me interesan o de cosas que sí me interesan pero de manera breve y concisa.

A mí me gusta ahondar en detalles, especialmente en cuanto a sentimientos y creencias, en relación a los motivos o las explicaciones que doy a las cosas que me han pasado o las decisiones que he tomado.

Hablar por hablar, no me va. Me desgasta.

Consume gran parte de mi valiosa energía para afrontar lo que me queda de día, y de conversaciones.

Siento que, más que acercarme, me aleja de la otra persona. Supone para mí construir una máscara y ciertos muros.

Sin embargo, para las personas más extravertidas, este tipo de conversación satisface perfectamente sus expectativas y necesidades.

Para ellas, hablar poco sobre muchas cosas es más entretenido –y lo llevan mucho mejor– que hablar mucho sobre pocos temas.

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Además, para las más extravertidas, que no están tan acostumbradas (ni lo necesitan tanto) a hacer introspección, hablar de manera superficial de una misma es suficiente para darse a conocer.

Y al mismo tiempo, cuando alguien le habla superficialmente de sí misma, para la extravertida significa conocer “bien” a la otra persona.

Aunque nosotras, las introvertidas, reinas de la profundidad y la introspección, sentimos que nos quedamos muy lejos de llegar a conocer y darnos a conocer a la otra persona cuando mantenemos una conversación a niveles muy bajos de profundización.

Por qué las introvertidas necesitamos aprender a amar los diálogos de besugos

A pesar de todo, los diálogos de besugos tienen su función.

Puede que no sean la forma de comunicación más cercana, intima y enriquecedora del mundo, pero nos ayudan a conectar con los demás.

Dicho de otra forma, una conversación superficial nos ofrece la oportunidad de conectar a un nivel profundo con otras personas.

Por cierto, ¿te has planteado lo raro (e incómodo) que resulta empezar a hablando de aspectos muy íntimos y personales con alguien que acabas de conocer?

Sí, puede ser genial, y fácil, e incluso crear cierta conexión con la otra persona, pero ¿no crees que en realidad, resulta algo forzado y antinatural?

A mí me resulta bastante fácil hablar de mis sentimientos y pensamientos, pero entiendo que no todo el mundo está preparado para una conversación de este nivel, y tanteo un poco la situación antes de expresarme así.

Por otra parte, cuando alguien se ha expresado así conmigo, sin que hubiese cierta confianza antes (no digo conocernos de antes, pero al menos cierta comodidad o familiaridad), me he sentido algo violenta.

No me parece normal que un desconocido “necesite” hablar así con una completa desconocida…

desconfiada

De esta manera, si no puedes tener conversaciones profundas con la persona que acabas de conocer (porque queda un poco raro y puedes conseguir el efecto contrario) y no quieres tener una charla insustancial, la alternativa es el silencio.

Y créeme, que se te termina haciendo muy cómodo y tentador quedarte en silencio antes que iniciar una conversación insustancial con alguien a quien, probablemente, no volverás a ver.

Pero también puedes quedarte muy aislada. Y te puede costar cada vez más iniciar una conversación.

Además, te privas de la oportunidad de descubrir cosas interesantes sobre la otra persona, o de llegar a un nivel más profundo.

En definitiva, las conversaciones triviales pueden ser una herramienta muy útil para tener el tipo de conversaciones (y de relaciones) que realmente deseas tener: de esas profundas, intimas y filosóficas.

Dominando el arte de las conversaciónes superficiales

Ahora me gustaría compartir contigo algunas ideas para que te resulte más sencillo iniciar y mantener conversaciones triviales.

El objetivo es que aprendas a verlas de otra manera para que te resulte más sencillo participar en una charla de este tipo y para que puedas aprovechar al máximo sus beneficios.

Aquí van:

ESTRATEGIAS PARA TENER CONVERSACIONES SUPERFICIALES SIN MORIR EN EL INTENTO:

>> comprende que las conversaciones superficiales cumplen su función: aunque a ti no te lo parezcan en un primer momento, las charlas triviales también sirven para unir a las personas.

>> comprende a las personas que conversan de manera superficial: es importante entender que las personas que mantienen conversaciones banales lo hacen por motivos respetables. Ya sea porque buscan esa conexión, porque no quieren o no pueden profundizar más, porque están cansados, porque les gusta esa forma de hablar, porque les parece suficiente, porque no están acostumbrados a profundizar más… es totalmente válido.

>> aprende el “principio básico” de una conversación superficial: en un diálogo de este tipo, la calidad no es tan importante como la cantidad. Es mejor, como decíamos antes, hablar poco de muchas cosas, que hablar mucho de pocas. En la mayoría de los casos, la otra persona no está interesada en conocer tu fuero interno; sólo quiere “contactar” con otra persona pero no “conectar”. Ten esto en cuenta y te frustrarás mucho menos contigo misma y con la otra persona.

>> deja de verte como una estúpida cada vez que te metes en un diálogo de besugos: lo fundamental para empezar a disfrutar cuando hablas de cosas banales es dejar de sentirte una incompetente. Sí, sería infinitamente más interesante y productivo, y podría interpretarse como señal de inteligencia, hablar sobre lo que motivó a la persona con la que estás hablando a montar un negocio de arenques que comentar cuántos zapatos se compró en rebaja la novia del primo de su vecino. Pero… tampoco es el fin del mundo. Céntrate en tu objetivo: conectar.

>> calibra tu nivel de energía disponible para la conversación: reconoce en qué estado te encuentras y si es el óptimo para abordar este tipo de encuentros, si es “suficiente” pero no para tirar cohetes, o si es francamente pésimo. Te ayudará a ajustar tus expectativas en cuanto a tu desempeño en esta situación. Si tu nivel no es el óptimo sabrás que los resultados no serán los que te gustaría. También te ayudará a valorar si merece la pena invertir parte de la energía que te queda en este momento a esta conversación o si prefieres reservarla para alguna situación posterior en la que vayas a necesitarla. Tú decides cuánto tiempo hablar.

>> aprende a identificar tus objetivos en cada conversación: no siempre querrás practicar el arte de la conversación superficial o conectar a través de ella con la otra persona. Hay que reconocer que hay momentos en los que no puedes o, simplemente, no te apetece hablar de “lo caros que están los tomates en este súper cuando en el mercado los tienen 50 céntimos más baratos”.

>> identifica qué estás rechazando exactamente de esta conversación superficial: no todas las conversaciones superficiales son iguales. Varían la persona, el lugar, tu estado de ánimo, tu nivel de energía, el tema de la conversación, la actitud de la otra persona… Cuanto mejor aprendas a reconocer qué es exactamente lo que te está incomodando, mejor preparada estarás para hacer los cambios necesarios y sobrellevar mejor la situación.

>> anticipa posibles temas triviales de conversación: te resultará útil tanto para iniciarlas como para continuarlas. Supongo que tendrás identificado algunos temas típicos: el clima, el tráfico, la crisis, el paro, la “juventud”, el fútbol, la incompetencia de los que están atendiendo, los precios de las cosas, etc. O eventos culturales, conciertos, películas, sitios de moda, programas de televisión, series… Si las conversaciones superfluas te suelen desgastar -o incomodar-, no está de más que tengas pensado algún tema superficial del que te guste -o no te moleste tanto- hablar. Siempre puedes sacar a colación tu tema, intentando encajarlo en el diálogo que estás teniendo. Yo, por ejemplo, suelo comentar lo cansada que estoy (la verdad es que últimamente es así, supongo que es por la primavera) y cuánto me gustaría tomarme unas vacaciones e irme a una granja francesa a trabajar en el campo y desconectar un poco de todo. O si sabes que es posible que saquen el tema del tiempo, piensa en algo que te gustaría decir acerca del tiempo: por ejemplo, “prefiero el invierno al verano, mi abuela hace unos abrigos de lana super calentitos”.

>> ten preparadas respuestas estándar personalizadas: habrá temas de los que no tengas ni idea o no te guste nada hablar. Para estos casos siempre puedes tener algunas frases preparadas. En mi caso, el fútbol es algo que no me apasiona en absoluto; si alguien se pone a hablar conmigo sobre esto, en lugar de fingir que me interesa o castigarme por aborrecerlo tanto, opto por expresar claramente: “la verdad es que nunca me ha gustado el fútbol, pero veo que a ti te gusta mucho”. Esta fórmula te sirve para muchos temas: si te soy sincera, no me parece muy interesante “este tema”, pero parece que a ti te apasiona. Puedes adaptarla a tus palabras para que te resulte más natural: no me interesa, no me apasiona, no me gusta, no lo encuentro interesante, no le veo el interés… parece que a ti te gusta mucho, tengo la sensación de que es algo que te interesa mucho, veo que te entusiasma hablar de esto…

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>> lleva la conversación a otro nivel: si quieres ir transformando de forma sutil y natural una conversación superficial y aburrida (para ti) en una más interesante, mi mejor consejo es >> haz preguntas. Evidentemente, también en este momento tendrás que ir despacio (o no, dependiendo del nivel de receptividad del otro). No se trata de hacer preguntas súper personales, pero sí mostrar algo de interés. Por ejemplo, puede preguntarle qué es lo que más le gusta del tema del que te está hablando, pedirle consejo sobre un artículo que te ha comentado, o demandar más información sobre alguna actividad o lugar que ha visitado.

>> si no hay otra opción, ignora o corta con la conversación: hay momentos, como decíamos antes, en los que no podemos invertir la preciada energía que nos queda, o en los que la situación es tan molesta por todos lados que queremos acabar con la conversación. A veces no podemos, o no nos sentimos cómodas, pedirle a la otra persona que deje de hablar, así que un paso intermedio es ignorar a la otra persona. dejar que hable. En realidad, a veces, no buscan que respondamos (estos casos son los “mejores”). Antes me sentía fatal porque creía que tenía que escucharle, por respeto; pero he aprendido que no escucharla –al menos a esa persona en ese momento- significa respetarme a mí misma. Pero, ¿y cuándo hay que cortar por lo sano? Te confieso que no recuerdo haberlo hecho nunca con desconocidos, o bueno sí, pero mal; con conocidos me resulta más fácil. Es algo que iré poniendo en práctica a partir de ahora: en lugar de soltar un “ah, sí, claro, claro, perdona, pero es que me tengo que ir… lo siento mucho…”, me comprometo, aquí y ahora, a empezar a utilizar esta frase clara, directa y respetuosa para salir antes de esta situación: “disculpa que te deje en mitad de la conversación, pero necesito irme ya”. Y me plantearé añadir, en función de cómo me sienta en ese momento, un “ha sido un placer / hasta otra”.

Conclusiones

Las conversaciones superficiales pueden ser tremendamente desmotivadoras y desgastantes para una introvertida.

Pero nos aportan muchas cosas, especialmente, la posibilidad de iniciar un proceso natural de conexión con otras personas.

Si logras comprender por qué “existe” este tipo de diálogos, cómo “funcionan”, por qué a otras personas les gusta este tipo de interacción y por qué a ti te molesta tanto, empezarás a desenvolverte mejor en ellos.

Así que por tu bien y el del resto de personas que van a tener la posibilidad de conocerte, te invito a practicar las sugerencias que te he dado en el apartado anterior para que las conversaciones superficiales no sigan siendo un obstáculo.

¿Se te ocurren otras estrategias para afrontar con más energía y soltura las conversaciones triviales? ¡Estaría genial saberlas! Puedes compartirlas con nosotras en los comentarios ,) Gracias!

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