Como introvertidas, pasar tiempo en casa, aisladas del mundo, no suele representar un problema. Al contrario, es una bendición. Sin embargo, ¿podría ser que esa tendencia al aislamiento social algo de lo que preocuparnos?

¿Cuándo nuestro carácter reservado pasa a convertirse en un problema más complejo y difícil de abordar?

¿Cómo salir o evitar caer en ese estado de desconexión con el resto de la sociedad?

Tipos de aislamiento

Básicamente el aislamiento social consiste en la falta de contacto social, pero no todos lo hacen por los mismos motivos ni en el mismo grado.

Está la persona introvertida que se aísla, sencillamente, para recargar energías o para disfrutar de aficiones tranquilas.

La introvertida también puede aislarse para analizar, reflexionar y tomar decisiones, profunda y tranquilamente. Aunque es posible que esté pensando demasiado, mucho más de lo habitual para ella, porque está enfrentándose a más cambios o situaciones difíciles de las que ha tenido hasta ahora.

La introvertida que no dispone o no encuentra –en este momento de su vida– de actividades grupales que respeten su introversión.

O, si las tiene a su disponibilidad, no se siente con energía para acudir a ellas, porque está pasando por una época de baja estabilidad o fortaleza emocional.

burbuja aislamientoTambién está la persona introvertida que se aísla porque no confía en saber afrontar las situaciones sociales. No dispone de las habilidades sociales necesarias o las tiene pero no sabe aplicarlas.

Evidentemente, existe la persona, introvertida o extrovertida, que se aísla porque realmente no desea establecer ningún contacto con los demás.

No es reservada porque necesite estar a solas o porque se sienta insegura estando con los demás. Simplemente, no tiene interés en relacionarse y se siente bien así.

Por último, está la persona aislada socialmente de manera involuntaria. Ha ido perdiendo su red de apoyo social por circunstancias diversas y se encuentra marginado. Es una situación diferente y más grave que no incluyo en todo lo que hablo en este artículo.

Síntomas de aislamiento social

En su versión más extrema, el aislamiento social consiste en una pérdida casi total de cualquier vínculo con la sociedad, ya sea virtual o presencial.

La persona vive sola, no sale, no se relaciona con otras personas salvo para cubrir sus necesidades básicas, e incluso estas intenta satisfacerlas con el menor contacto social posible (haciendo las compras a través del teléfono o internet, por ejemplo).

No recibe ni hace visitas ni llamadas telefónicas, no chatea (por whatsapp, en chats o foros de internet), etc.

Esta carencia tan grande de contacto social se traduce en la falta de una red de apoyo que pueda acoger a la persona en caso de necesidad. La persona aislada no tiene familiares, amigos o contactos que puedan aportarle soporte emocional, económico o de contacto con otros recursos de la sociedad.

Pero claro, estamos hablando de un caso extremo.

Lo que pasa es que, cuando una persona se refugia en su casa y reduce el contacto con el mundo exterior, la gente cercana a esta persona y la sociedad en general tiende a pensar que puede estar dirigiéndose hacia ese caso de aislamiento extremo.

Cuando una sale menos de “lo normal”, cuando mantiene una gran cantidad de contactos a través del mundo virtual y menos presencial, cuando la presencia en el “mundo real” es serena, quedándose en un segundo plano… corre el riesgo de pensar (y que los demás piensen) que su introversión puede ser negativa que positiva para la persona.

¿Es peligroso siempre el aislamiento?

Como hemos visto, hay muchos tipos de aislamiento, y no todos son negativos.

Hay que tener en cuenta que las introvertidas terminamos habitualmente más saturadas y desgastadas que las extrovertidas. Y necesitamos más tiempo a solas, para recuperarnos.

También hay épocas en las que anímicamente podamos estar peor y nos apetece menos estar con gente, porque nos quita aún más de las escasas energías que nos quedan.

O puede que simplemente tengamos otras prioridades.

Así que siento decirte que creo que no hay una respuesta sencilla para esta pregunta.

Lo que sí puedo decir es que para mí el aislamiento se vuelve peligroso cuando entra en conflicto con tus objetivos, cuando no hay coherencia entre lo que quieres y lo que haces.

Si quieres “estar fuera” pero te quedas “dentro”, entonces el aislamiento está siendo perjudicial para ti.

Especialmente, si terminas cayendo en el círculo vicioso del aislamiento: cuando estamos “ahí fuera”, en el mundo, nos encontramos mal (agotadas, presionadas, incómodas, furiosas incluso…), de modo que nos aislamos para recuperarnos; pero “dentro” nos sentimos tan bien que no nos dan ganas de salir, y más tiempo nos quedamos “dentro”.

circulo vicioso aislamiento

Cómo saber si mi aislamiento es peligroso

Hacerte las siguientes preguntas puede ayudarte a saberlo.

  • ¿Me apetece (o necesito) realmente este tiempo de aislamiento?
  • ¿De verdad disfruto de todas estas actividades que hago a solas?
  • ¿O me gustan porque me evitan enfrentarme a situaciones que no me apetece afrontar?
  • ¿Qué porcentaje de esos momentos a solas son por disfrute y qué porcentaje es por evitación?

No es fácil ser sincera con una misma y “saber” o “sentir” cuál es la respuesta correcta.

A veces nos hemos convencido tanto a nosotras mismas de que nos gusta y necesitamos quedarnos en casa que no somos capaces de reconocer que lo que hay realmente de fondo es miedo a no saber afrontar una relación, sea del tipo que sea.

Pero una estrategia que aprendí hace unos años para reconocer cuál es la respuesta verdadera a las preguntas que me hago es la de: vivir por resonancia, no por justificación.

Vivir tu aislamiento desde la resonancia

Cuando “sabes” algo sin “saber por qué lo sabes”, es bastante probable que esa sea la respuesta adecuada.

Como yo ahora, que “sé” que me apetece ir de compras esta tarde porque me vendría bien salir para desconectar de mi mente (y sentir que nada es tan importante como para no poder descansar un rato) pero me estoy intentando convencer (con argumentos que parezcan lógicos) de que realmente no es necesario, que sería mejor quedarme en casa y ahorrar energías para la semana.

mente y corazonAsí, desde hace unos años me ayuda a tomar mis decisiones saber que, cuando me veo a mí misma justificando con razonamientos lógicos las decisiones que tomo o quiero tomar, es porque realmente no es esa la respuesta o el camino que se aplica a mí en ese momento.

Sin embargo, cuando tomo una decisión sin tener muchas razones fuertes que la respalden, estoy “resonando” y siento que ese es realmente el camino o la respuesta.

Lo que cuesta de vivir por resonancia es entender que no existe LA respuesta adecuada para todo el mundo, sino la respuesta adecuada para ti, tu camino de vida y el desarrollo de tu ser.

Así, puede que otros “vean” que me estoy aislando negativamente, pero yo no sienta aún que es así.

Si me guío por el razonamiento de los demás y me fuerzo a mí misma a razonar de la misma manera que ellos, a menudo experimento frustración y mucha rabia contra mí y los demás.

Sin embargo, si actúo conectada con lo que mi ser me dice en ese momento, es más fácil andar el camino que, probablemente, me lleve hasta ese estado mental en el que seré capaz, por mí misma, de razonar como los demás y ver que realmente estaba actuando de una manera que era perjudicial para mí.

Con todo esto quiero decir que saber si te aíslas “bien o mal” no es fácil. Que los demás (incluyéndome a mí) te pueden dar algunas pautas, pero la decisión final depende de ti, de una misma.

Así que, mira en tu interior, y responde con sinceridad: en este momento, ¿estoy eligiendo quedarme en casa, aislarme, porque realmente me apetece / lo necesito, o me estoy aislando porque no sé cómo enfrentar el estar ahí fuera?

Pasos para salir del aislamiento

El primer paso, importantísimo, es identificar cuándo te estás aislando y cuándo no.

Es decir, lo que te comentaba antes de empezar a mirar por ti y hacia ti y aprender a reconocer los momentos en los que te quedas en casa porque realmente te apetece y no porque no quieras salir.

El segundo paso, igual o más importante, es querer salir del aislamiento.

Porque una cosa es saber que te estás aislando y otra es querer hacer algo por cambiarlo. No pasa nada si ahora mismo este no es uno de los aspectos de ti que quieras cambiar.

El tercer paso es decidir cambiar.

Una vez tomada la decisión, empezaría un proceso de cambio:

1. Estableces unos objetivos, que sean medibles, alcanzables, motivadores, etc.

2. Diseñas un plan de acción para lograr esos objetivos

3. Pones en marcha el plan, vas aplicando los pasos, alcanzando objetivos, valorando lo que va bien y lo que no…

4. Haces las modificaciones necesarias para asegurarte de que vas a alcanzar los objetivos.

5. Los alcanzas.

Qué hago yo para salir de mi aislamiento

Los planes de acción pueden ser muy variados en cada caso, pero quiero compartir contigo algunas estrategias que estoy utilizando en mi camino para salir de mi aislamiento, especialmente cuando caigo en el círculo vicioso:

>> Conocer el problema: informarme acerca de lo que supone el aislamiento social, por qué ocurre, qué consecuencias tiene…

>> Para mí ha sido vital para salir del aislamiento saber que existe algo llamado “trastorno de personalidad por evitación” y descubrir que me reconozco en algunos de sus síntomas

>> Saber esto me permite identificar mejor mis necesidades: sé que hay ocasiones en las que me retiro para descansar, pero sé que hay otras en las que realmente lo que necesito no es desconectar, sino conectar.

>> Identifico y acepto el miedo. Paradójicamente, ahora que sé que sigue habiendo algo de ansiedad social en mí, me resulta mucho más sencillo afrontarlo. Permitiéndome sentirlo y reconocerlo, me da la oportunidad de actuar de manera distinta para romper el hábito de encerrarme en casa.

>> Cuando aparece el miedo, me anima decirme a mí misma que, aunque me cueste salir, hacerlo me aportará más energía y motivación que no hacerlo.

experimento conductual>> Me planteo pequeños experimentos: me ayuda muchísimo ver las salidas como un juego, o una investigación. Salgo con el objetivo de recabar datos, información, acerca de mis habilidades y debilidades… Mi objetivo no es salir y actuar adecuadamente, sino valorar qué cosas me han gustado y cuáles no, cómo me he desenvuelto… sin presiones. Me digo “esta vez no tiene que salir bien, solo estoy calentando, investigando, para que la próxima vez pueda hacerlo bien”.

Lo que aún me falta para salir más

Creo que es igualmente útil que comparta contigo algo que no puedo anotar en la lista anterior.

Para poder salir de mi aislamiento me doy cuenta de que necesito aprender a afrontar mejor las frustraciones y decepciones personales cuando estoy “ahí fuera”.

Aún me afecta bastante sentir que estoy decepcionando a alguien, que no estoy dando la talla…

Y por eso evito ciertas situaciones sociales.

Por eso, además de las estrategias que te comentaba en el apartado anterior, que sí estoy aplicando ya, te ayudará a salir de tu aislamiento el aprender a gestionar tus creencias y tus emociones cuando te relacionas con los demás.

En mi caso, una alta exigencia y perfeccionismo me dificultan el relacionarme con más fluidez.

Aunque reconozco que, igual que con el aislamiento, tomar consciencia, aceptarlo, darme cuenta, me permite hacer pequeños cambios para salir de ese estado.

Pero aún quedan cosas que pulir. Algunas más que otras.

dentro y fuera

Resumiendo

Por mucho que los demás te puedan decir, solo tú puedes saber si te está perjudicando o no, si realmente tú lo ves como un problema porque quieres salir más pero no consigues hacerlo.

Pero si, efectivamente, decides que quieres dejar de aislarte tanto, mi mejor consejo es que reúnas información.

Pero no cualquier información, sino información sobre ti misma: qué sientes, por qué estás actuando así, cuáles son tus necesidades, qué te gusta, qué quieres hacer, cuál es la mejor manera de conseguirlo para ti…

Si dejas de ver el aislamiento social como algo esencialmente negativo, y empiezas a verlo como una señal para lograr satisfacer tus distintas necesidades lograrás desarrollarte mucho más plenamente.

Créditos de imagen: afinando

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