¿Quién soy Yo?

SER > Saber > Hacer

Experiencia

He vivido lo que estás viviendo y puedo ayudarte a llegar a donde yo he llegado

Cariño

Aprendí a amar mi proyecto pero, antes que nada, amarme a mí y mi introversión

Formación

Me he formado en psicología, coaching, PNL, docencia…

Orientación

Un mentor me ayudó a darle coherencia, sentido y utilidad a todo lo anterior

Mi viaje de la timidez y la infelicidad a la introversión y la realización

Esta es mi historia...

LA DURA ADOLESCENCIA

Para mí, como para muchos, la adolescencia fue una época más negativa que positiva. Sí, tenía buenas amigas, me encantaba estudiar y la situación familiar y económica era buena… pero no me sentía para nada completa, realizada y feliz.

Durante esos años, la imagen que tenía de mí misma estaba terriblemente influida por una cosa, más bien, una persona: mi hermana gemela. Me resultaba difícil no definirme a mi misma comparándome con ella. Al fin y al cabo, los demás también lo hacían con bastante facilidad y frecuencia.

Y como yo veía a mi hermana como una chica segura, simpática, sociable, fuerte, espontánea y divertida, yo salía a menudo mal parada de la comparación.

Tenía la sensación de que había algo “estropeado” dentro de mí, y no veía el momento de “despertar”, de ser la chica alegre y sociable que creía que debía ser.

NUESTROS CAMINOS SE SEPARAN, LA VIDA SE ABRE CAMINO

Con 16 años apenas recién cumplidos, en mi último año de instituto y como muchos de mis compañeros, tuve que tomar una decisión: qué carrera estudiar.

Lo de irme fuera no era una opción para mí: como Psicología, que era lo que realmente quería estudiar, estaba en otra isla y no me sentía emocionalmente preparada para separarme de mi hermana y mi familia, me quedé y estudié Magisterio de Educación Especial.

No me arrepiento: me dio la confianza en mí misma que me había faltado durante todos mis años de instituto. Mis compañeros me veían como una chica tranquila, responsable e inteligente, y yo, rodeada de gente en su mayoría mayor que yo, me sentía libre para ser esa chica tranquila, responsable e inteligente.

Aprendí que era capaz de vivir “separada” de mi hermana, hacer mis propios amigos (que apreciaban mi forma de ser), etc.. Y, por primera vez en muuuucho tiempo, yo sentí que era fuerte y que, aunque no fuera como ella, podía ser valiosa para alguien…

Así que, aprovechando esa inesperada pero más que ansiada confianza en mí misma, terminé una carrera y crucé el charco para empezar la otra.

LA CONFIANZA VUELVE A RESENTIRSE

Aunque estudiar fuera me ayudó a confirmar que era más valiente y fuerte de lo que pensaba, pasar de ser de las más pequeñas a ser de las mayores de la clase supuso de nuevo una amenaza a mi autoestima.

Ya no me sentía tan cómoda para seguir siendo calmada y hogareña. Al vivir en una ciudad universitaria, aunque fuera pequeña, me volví a sentir obligada a fingir que me encantaba la marcha.

Hasta que fui conociendo a personas como yo: reflexivas, amantes de la naturaleza y de los cafés tranquilos donde poder tener una conversación profunda.

Así pasaron los años de carrera: navegando entre lo feliz que me sentía cuando pasaba el tiempo leyendo o estudiando tranquilamente en casa, contemplando la naturaleza o reuniéndome con mis amigas introvertidas…

…y la insuperable decepción que me causaba a mí misma el que los demás no me consideraran más sociable, más alegre, más enérgica, más “extravertida”.

Incluso recuerdo que hicimos un cuestionario de personalidad en segundo de carrera (“Los Cinco Grandes”) que, con estadísticas y gráficas irrefutables, me mostraba claramente lo poco extravertida que yo era.

Y me obsesionaba pensando, “¡lo sé, y me encantaría cambiar, pero no sé cómo ser esa clase de persona!”.

COMIENZA LA VIDA ADULTA, HAY QUE EMPEZAR A PRODUCIR

De vuelta en casa, tras aprender mucho no sólo en las miles de páginas de apuntes y libros de la universidad, me encontré ante un enorme espacio en blanco.

Me consideraba una persona inteligente, pero a nivel personal aún había mucho que trabajar… “Sabía” mucho pero no tenía ni idea de qué hacer con todo eso. No me sentía preparada ni motivada por nada en especial. Estuve más de un año “parada”, esperando a que me llegara la inspiración, a descubrir mi pasión…

Me formé en PNL y recordé mi amor por los caballos. Eso me enfocó durante un tiempo (empecé a colaborar como voluntaria en una hípica de la isla). Pero seguían pasando los meses y no sentía que hubiera dado aún en el clavo correcto.

Me seguí formando: en coaching, más intervenciones con caballos… Empecé a dar talleres: de técnicas de estudio, de crecimiento personal…

Y el tiempo seguía pasando y una y otra vez, en mi vida y en el trabajo, me descubría a mí misma deseando ser diferente: ser más decidida, no darle tantas vueltas a las cosas, ser más entusiasta, más alegre, adaptarme más fácilmente a los cambios, llevar mejor las reuniones y encuentros sociales…

Sentía que todas esas emociones negativas eran un lastre que me impedía avanzar. En el fondo seguía creyendo, y temiendo, que hubiera algo mal en mí, que por mucho que lo intentara no conseguiría arreglar. Así que seguí durante mucho tiempo tirando sola de una carro que ya era imposible de arrastrar. Porque quería demostrarme que yo podía, porque…

Me daba miedo descubrir que ya no había nada más que pudiera hacer para recuperar la confianza en mí misma, para amarme a mí misma, para verme capaz de triunfar, en mi trabajo, en la vida…

NO HAY NADA ROTO, NI TIENES QUE CAMBIAR

Afortunadamente, llegó el momento en el que pude ponerle nombre a todo eso. El conocimiento me dio la comprensión, y esta, la libertad para ser tal y como soy.

Comprender que mi forma de ser “encaja” en una categoría, que no soy un bicho raro. Comprender que esa categoría está mal vista pero no tiene por qué estarlo, descubrir lo maravilloso que tiene esta forma de ser, no sentirme sola… Me ha dado la paz que tanto buscaba.

Me ha dado la información que me faltaba para explicar y comprender muchos aspectos de mi forma de ser que antes atribuía a la falta de voluntad, de capacidad, a la existencia de un defecto irreparable, a la creencia de que alguna experiencia positiva importante tenía que haberme faltado cuando era pequeña y que ya no tenía remedio.

Me ha permitido soltar la culpa, la decepción, la vergüenza incluso la rabia que sentía contra mí misma y contra la “gente y cultura extravertida”.

Me ha ayudado a darme el amor que estaba anhelando, la aceptación que pedía a los demás, y que yo misma no me daba.

Me ha dado la esperanza para vivir una vida coherente, respetando y valorando mi forma de ser. Una vida plena, siendo quien realmente he sido y deseaba ser todos estos años, la persona que sólo me permitía ser en ocasiones, a escondidas.

Miro hacia atrás y siento una tremenda compasión, y puedo comprender todos esos momentos de frustración. Puedo ver con más ternura a la adolescente tímida que fui y a los que me rodeaban en aquellos momentos y que (unos con más amor que otros), me animaban “por mi bien” a salir de mi cascarón.

Miro hacia delante y veo un futuro distinto al que creía que era posible, a aquel que creía inevitable. Ahora se abren ante mí más opciones. Y yo tengo la capacidad de escoger.

Ya no soy débil, ni vulnerable, sosa, neurótica, aburrida, pesada, cabezota, pesimista, complicada, insegura… soy Introvertida, con sus más y sus menos.

Así que he cogido todos mis conocimientos, mi experiencia, mis habilidades… y he formado mi propia caja de herramientas que me han ayudado a mí y te ayudarán a ti a ser Introvertidamente Tuya y sentir una profunda paz, la paz de saber que no hay nada malo en ti.

  • Mi nombre, Irtha, lo leyó mi madre en un libro sobre la Atlántida. Como buena introvertida a la que le gusta comprender el significado de las cosas, busqué su historia y lo llegué a enlazar con la mitología nórdica y el nombre que le daban a la “madre tierra” (me gusta esa conexión entre mi nombre y mi aprecio por la naturaleza).
  • Continuando con mi nombre, habitualmente me veo en la necesidad, además de contar de dónde viene, de explicar su pronunciación: según mi madre, que fue la que lo eligió, sería “Irza” (como en inglés y griego). Pero, como vivo en Canarias, y aquí no pronunciamos la z, como me llaman y como yo me presento es como “Irsa“. Así que soy Irta (para el que lo pronuncia como se lee), Irza (para los peninsulares) e Irsa (los canarios como yo). Antes me molestaba profundamente que me llamaran Irta, lo veía como una falta de interés y de educación, pero estudiar los estilos representativos (visual, auditivo, etc.) en PNL me ha ayudado a canalizar mi irritación 🙂
  • Para más confusión, mi hermana gemela se llama Indra. Sí, nos confunden por la calle (las primeras veces me daba mucho apuro, ahora incluso me parece divertido). Y no, no hemos tenido esas experiencias de sentir lo que siente la otra en la distancia; por ahora ,)

 

  • Me encantan los caballos, los perros, contemplar el mar, el efecto del sol a través de las hojas, el sonido de la lluvia…

 

  • El pasado 20 de diciembre cumplí 30 años y decidí celebrarlo de una manera especial: me fui 10 días a una finca de La Palma, con caballos y comida vegetariana. Fue una forma de rendirme homenaje por todo el trabajo personal y profesional que he venido haciendo el último año, y de cuidar mi introversión yéndome de retiro para recargar energía.

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